EL MÍTICO CAFÉ VENECIANO

Hacía tantos años que no pisaba la ciudad de los canales…

Resulta curioso volver a pasear por los mismos lugares tanto tiempo después, intentando reconocer huellas del pasado en nuestro camino. Venecia resulta pacífica y misteriosa como siempre lo ha sido, envuelta en esa neblina que le da un aire aún más ausente.
Llueve sobre la ciudad de los canales, donde se hermanan las aguas del cielo y del mar. Tras pasar el día perdida entre sus miles de islas, vago sin rumbo bajo el repiqueteo de la lluvia en esa grandiosa plaza de San Marco que al caminante siempre deja sin respiración, aunque sea por un breve instante.
Es noche cerrada, noche acuciante de leyendas y espíritus que vagan por Venecia, todos en una danza bajo la lluvia incesante. Apenas hay turistas, las palomas que habitan este lugar se han ido a dormir hace ya tiempo. Y en este vasto silencio se escuchan unas notas de música en la lejanía . Y es que la música forma parte de esta plaza tanto o más aún que su Catedral y su Campanile, que los miles de turistas que la cruzan, que las palomas que la sobrevuelan.
Hace años no tenía dinero para permitirme ese lujo, sentarme en una de las terrazas de esos grandes cafés venecianos de San Marco y escuchar la música clásica que, en directo, un cuarteto de cuerda interpreta para uno. Mientras, sólo hay que disfrutar del momento, beber a cortos sorbos el café que estás pagando a precio de oro líquido, pero a cambio de un momento que tardará en borrarse de nuestra memoria.
No es que me vayan mucho esos momentos chic, pero la verdad es que, años atrás, no podía permitirme ese lujo, y hoy, que sí que puedo, me apetece más que nunca. La noche además incita a ello, a la nostalgia y el recuerdo. Simplemente hay que sentarse a una de las mesas, delante del Café Florian, bajo los soportales que te guarecen de la lluvia que cae incesante en la plaza, con un borboteo sempiterno de gotas que caen una tras otra, sumándose a la danza, también subyugadas ellas por la belleza de la música que empieza a esparcirse por el ambiente.
Es el Café Florian uno de esos sitios de siempre, uno de esos pequeños lugares sempiternos que escapan a epidemias y revoluciones , que día tras día sigue abriendo sus puertas, indolente al paso del tiempo. En noches de verano, aunque lluviosas como aquélla, apetece sentarse en su terraza, o en su defecto, y a causa de la lluvia, bajo los soportales. Por el contrario, en días fríos de invierno donde la neblina de nostalgia de Venecia te cala los huesos y el alma más que nunca, apetece más disfrutar de esos pequeños sorbos de café en el interior del café, en sus fastuosos y algo ajados salones donde de verdad el tiempo parece haberse detenido hace mucho tiempo, y donde si todos fuésemos vestidos de época, no sería difícil imaginarnos dos o tres siglos atrás.


Los camareros de un lugar como el Café Florian también pertenecen a otro tiempo pasado. Todos iguales, impecablemente vestidos, con unos modales de mayordomo de cada grande, dispensan al viajero un trato exquisito, como si de un príncipe o una princesa se tratara. No sólo en la factura viene incluido el precio del café, ni el disfrute de la música, que también viene especificado como tal en la propia factura, sino las maneras exquisitas de los camareros, todos los detalles de la vajilla en la que te sirven, siendo capaces de recrear un lujo absoluto y efímero a la vez, pero ciertamente muy confortable, aunque sólo sea por unos minutos.
Pero no es cuestión de lujos la razón que me impulsa a sentarme allí aquella noche. Es una mezcla de tradición y de nostalgia . Cafés como el Café Florian son imprescindibles en el epicentro de la ciudad de los canales. Quizá no sea este café el más famoso, o el más importante, de los varios que pueblan la plaza de San Marco, pero es uno de esos lugares de siempre. Sus paredes han asistido silenciosas e impertérritas a amores y odios, a secretos en voz baja, a conspiraciones y a sueños. En sus sillones se han sentado venecianos y viajeros, hombres y mujeres de todas las edades, nacionalidades y condiciones. Sus músicos han interpretado miles de piezas durante miles y miles de días, de generación en generación, cosas cambiantes que no afectan a su espíritu, como las hojas que cada año se caen del árbol pero que no cambian a éste, que año tras año resurge en el esplendor de la primavera como un ave fénix floral.
El Café Florian forma parte de las tradiciones venecianas, y en ese espacio de tiempo detenido, mientras las notas de música lo inundan todo , sus tarareos me llevan a recuerdos lejanos… propios y extraños, de este siglo y de muchos siglos atrás. No es difícil retrotraerse, sólo hay que cerrar los ojos y fijarse en los detalles que el alma como un tahúr a veces esconde y otras veces muestra, cosas imperceptibles muchas veces a los ojos pero no a la sensibilidad. Es un “algo” que flota en el ambiente, ese “algo” intangible que flota en los ambientes de aquellos lugares en los que ha sucedido un hecho importante, susurrado, maravilloso o terrible. No estoy muy segura de dónde encuadrar este café, pero seguro que encaja en alguno de ellos.
Muy cerca de allí, a escasos metros que ahora mismo parecen mundos enteros, el Gran Canal sigue transcurriendo tranquilo. La noche es la dueña y señora de Venecia, extendiendo su oscuro manto en cada rincón. Las góndolas reposan dormitando en los embarcaderos, arreciadas por la lluvia y el viento. Las luces se van apagando en esta ciudad del agua y sólo la música y el aroma a nostalgia parece inundarlo todo.
Ay, Venecia, siempre bajo la amenaza de que las aguas o las nostalgias que te aneguen. Y tú, mientras, sólo puedes sonreír indolentemente como en esta noche de lluvia, tranquila, reposada, magnánima, silenciosa… Dejas que la brisa y el agua te acaricien la cara y en ese Café Florian, sentada a mi lado, permites que tu alma se embriague con la poesía musical que hoy están interpretando para ti y para mí. Como siempre, adormilada, acunada entre las notas tras tantos cientos de años y miles de noches como ésta.

Comentarios

LAKY ha dicho que…
Cuánto tiempo sin actualizar tu blog. Espero que a partir de ahora lo hagas más frecuentemente con post tan evocadores como éste.
Un saludo,
LAKY
www.vivenciasdeunamama.blogspot.com
fjredondo ha dicho que…
Y siete meses después del último post, regresó. Una curiosidad, yo cuando voy a un café por mucha coba que le doy no consigo que el café me dure más de diez minutos, echar en allí una tarde me costaría una docena de cafés como poco.
SVaRaDa ha dicho que…
Qué recuerdos...
Espe ha dicho que…
¡Por fin! Qué ganas tenía de leer una entrada nueva en tu blog. :-) Pues nada, ya sabes que apuntado queda este sitio para cuando vaya este verano a la ciudad de los canales. Lo que no sé es qué harán con los que no solemos tomar café... :-P
Teresa ha dicho que…
Y quien, tras leerte, no pagaría un buen dinero por tomarse un café allí? Has hecho que ese lugar sea mágico. No se si algún día volveré a Venecia (debería) pero si lo hago esta será una de las visitas obligatorias.
Teresa ha dicho que…
Por cierto, veo por aquí muchos Ciaeros a los que hace mucho les perdí la pista. Saludos a todos!

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