PROFETA NI MÁRTIR QUISO ANTONIO SER Y UN POCO DE TODO LO FUE SIN QUERER.

“Soplaban vientos del sur… y el hombre emprendió viaje…”

Por si alguno no lo sabe. Antonio Machado, republicano convencido y por encima de cualquier ideología un hombre bueno, abandonó España unos meses antes del fin de la Guerra Civil , acontecimiento éste al que no llegaría vivo. Machado, poeta, escritor, marido, hijo y sobre todo padre y abuelo de generaciones que lo veneramos, era ante todo y sobre todo un hombre bueno. Nació en Sevilla, concretamente en el Palacio de Liria (“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero), recalaría como profesor primeramente en Baeza para luego continuar camino hacia Castilla, donde pasaría más de 20 años, en Soria primero, en Segovia después (“Mi juventud, veinte años en Tierras de Castilla). Sería precisamente en Segovia donde enarbolaría desde el balcón del Ayuntamiento la bandera republicana el 14 de abril de 1931.

Algún tiempo después, Machado se trasladaría a Madrid para ocupar una plaza como profesor en un instituto de Madrid. Con el estallido de la Guerra, siendo Madrid territorio republicano y liberal, se marchó a Valencia, viviendo en Rocasent durante casi dos años. Pero los tiempos era difíciles y previendo lo que se avecinaba se fue a Barcelona, donde estaría más cerca de la frontera y poder huir a Francia, algo que hizo a finales de enero de 1939, aquel día en que soplaban vientos del sur y Antonio emprendió viaje.


"Su orgullo y un poco de fe, un regusto amargo fue su equipaje."
Machado era un hombre con el mismo orgullo que yo tengo hoy, las ideas muy claras y un corazón que no le cabía en el pecho. Pero exiliarse de su propio país, ver cómo las ideas por las que luchó y vivió son incendiadas, aniquiladas, destrozadas… no le gusta a nadie. Mirar atrás era puro dolor, sus versos no podían darle consuelo, ya no servía aquel “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…” porque aquel viaje y aquel camino no tenían marcha atrás. Cuánta razón tenía aquel último verso: “y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar” .


"Miró hacia atrás y no vio más que cadáveres sobre unos campos sin color, su jardín sin una flor y sus bosques sin un roble."
En las guerras siempre hay vencedores y vencidos pero los que siempre pierden son los hombres, el pueblo. En esta guerra los vencidos además tuvieron que aguantar muchas cosas que vendrían después. Pero Antonio no llegó a verlo, lo que sí vio fue un país destrozado, una guerra fraticida donde las dos Españas lucharon hasta sus últimas consecuencias. Los campos arrasados, los jardines ensalados, los bosques quemados… Todo ello es una clara metáfora de las ideas ardiendo, de los anhelos hechos trizas, de la infinita tristeza que acompañó a Antonio Machado en sus últimos días.



"Y viejo, y cansado, a orillas del mar bebiose sorbo a sorbo su pasado."


Machado no era joven, además estaba enfermo físicamente y llevaba la estocada en el alma, la tristeza infinita de que la libertad por la que entregó toda su vida estaba tocando a su fin. No se trata de cuestiones políticas, cada cual puede pensar lo que quiera, pero la libertad de cada uno está por encima de ellas. Si tú coartas mi libertad, o yo coarto la tuya, no estamos siendo justos con el prójimo. Pero por encima de otra connotaciones, '''Machado era un hombre bueno y un libre pensador, que en sus últimos días en Colliure, oficialmente con el corazón partido, lejos de su patria que ya había dejado de ser suya, tuvo que enfrentarse a su vida, a los retazos que le quedaban de todo su camino y beberse sorbo a sorbo su pasado frente al azul infinito del Mediterráneo.''' A mí misma en Colliure me invadió una infinita tristeza frente a ese mismo mar azul, pensando en aquellas tardes de invierno, en las lágrimas que a él pudieron escapársele, en las que se me escaparon a mí tantos años después.

"Profeta ni mártir quiso Antonio ser y un poco de todo lo fue sin querer."


Antonio, mi abuelo Antonio, era un hombre bueno. Un hombre que no buscó protagonismo, que incluso se murió en silencio, en una habitación en la que se colaba por las rendijas la infinita tristeza del azul del mar , compuesto por lágrimas puras, por tantos recuerdos que a veces queremos olvidar ('''“mi historia algunos casos que recordar no quiero”'''). No quiso que le recordásemos como profeta ni como mártir, estoy segura de que querría haberse equivocado, no tener que tener la razón. Pero Antonio fue eso y mucho más, su figura forma parte de los que seguimos creyendo en los sueños, en la calma después de la tormenta, en que a veces a un olmo seco le puedan salir algunas hojas verdes en primavera. Algunos de ellos somos peregrinos que llegamos a Colliure precisamente tras sus pasos, intentando encontrar un trocito de tierra que moralmente sea nuestro, sentir el abrazo del abuelo y decir que sus ideales de hombre bueno siguen vivos y que él es un símbolo, aunque nunca quiso serlo. Que su figura, o su recuerdo, nos sigue manteniendo vivos con un halo de claridad y nostalgia frente a ese azul infinito.
Una gruesa losa gris vela el sueño del hermano. La hierba crece a sus pies y le da sombra un ciprés en verano.

Me sorprendió tantísimo descubrir que la tumba de Machado es exactamente como Serrat la describe. Es una gruesa losa gris, situada en el suelo, a la sombra de un ciprés en aquella arrebatadora mañana de verano en la que yo me apoyé en ese mismo ciprés y lloré por lo que pudo ser y no fue, por el abuelo Antonio, por mí misma.

El jarrón que alguien llenó de flores artificiales, unos versos y un clavel, y unas ramas de laurel son las prendas personales.


El día que yo fui no había flores artificiales, pero sí flores de verdad. Yo misma intenté comprarle flores en una tienda cercana, pero tenía el extraño horario de cerrar de 12 a 16 horas. Versos del poeta por doquier, cartas de gente que sigue pensando en él, poemas, fotos, placas conmemorativas… Todos aquellos tributos a un hombre que siempre fue ligero de equipaje por el mundo, pero que aún más ligero quiso abandonarlo (“Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos, de la mar…”). Incluso muchas piedrecitas del suelo reposaban sobre la tumba, como caricias de cada viajero que se acercaba a ver al poeta, al padre, al abuelo, al hombre…Estoy segura de que esta tumba es como Antonio la hubiese querido, sin estruendos, sin lujos innecesarios, pero llena de cariño. Sólo con verla uno ya se da cuenta, muchos sentimientos han pasado por ella, muchos ojos humedecidos la han contemplado. No encuentro palabras, porque es imposible regalar palabras a un poeta , por eso, cuando me quedé completamente sola y los curiosos se fueron, tras haberme bebido sorbo a sorbo mi tristeza con el sabor de las lágrimas entre los labios, entoné acorde a acorde varias canciones de Serrat con los versos del poeta, con la esperanza de que más allá del último viaje, dondequiera que llegue la nave que nunca ha de tornar, Antonio, o lo que quede de él, pueda sentir que hay personas como yo, que necesitamos apoyarnos en su recuerdo para seguir vivos y no caernos en mitad del camino junto a las campos arrasados.

del viejo y cansado que a orillas del mar, bebiose sorbo a sorbo su pasado..
Profeta, ni mártir, quiso Antonio ser y un poco de todo lo fue sin querer.

Pero Antonio, estés donde estés, aunque mis palabras no puedan explicar los sentimientos y las sensaciones, tu figura, como profeta, como mártir, como abuelo, sigue siendo tan importante para nosotros… El otro día una buena amiga y compañera de colegio me comentó que yo siempre había tenido fascinación por ti, y es verdad. He seguido tus pasos en Sevilla, Baeza, Soria, Segovia… incluso he querido encontrar tus huellas etéreas y desdibujadas por Madrid. Y siguiendo tu camino, llegué a Colliure, tu última parada, donde reposa tu cuerpo y las esperanzas que junto a él aún se mantienen vivas. De ti hemos aprendido que lo máximo que uno puede llegar a ser en la vida es buena persona, y que por eso tenemos que luchar. Que hay que saber creer y luchar por lo que se cree, tener las ideas muy claras y respetar las de los demás, pidiendo que también respeten las nuestras. Cada vez que contemplo el horizonte nebuloso e infinito de las Tierras de Castilla recuerdo tus poemas, yo también voy soñando caminos de la tarde…
Pero también como a ti…“En el corazón tenía la espina de una pasión. Logré arrancármela un día, ya no siento el corazón.”

Yo aún no me la he arrancado, porque no quiero dejar de sentir, no quiero dejar de vivir, no quiero que el recuerdo de tu última morada se me olvide. Porque yo estoy orgullosa de tu misma España que es también la mía, y por todo lo que ocurrió, lo bueno y lo malo, vertí y vierto mis lágrimas creyendo en lo mismo que tú creías: la libertad.






Comentarios

Espe ha dicho que…
Ay, ya leí esto ayer pero al leerlo hoy de nuevo me he vuelto a emocionar...

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