CRISIS, JÓVENES Y LICENCIADOS

Este post está llamado a ser una pateleta más que otra cosa, pero me apetece escribirlo. Por ello, aunque no sirva de nada, me voy a dar el gusto y voy a escribirlo.

Bien, voy a comentar cuál es mi perfil, de manera pública en internet. Tengo 30 años, soy licenciada, llevo más de siete años trabajando de manera ininterrumpida (un año con un contrato de colaboración sin cotizar a la seguridad social y el resto en Régimen General de la Seguridad Social, pagando religiosamente a la Tesorería de esta entidad y por supuesto a Hacienda). Puedo considerarme una absoluta privilegiada porque he tenido trabajo e incluso porque he tenido la oportunidad de cambiarme de empresa en varias ocasiones y crecer profesionalmente. Digamos que la crisis no me ha afectado tan duramente como les ha afectado a otros, pero aún así no todo el campo es orégano.

Mis padres hicieron un esfuerzo económico para que hable dos idiomas y chapurree otros dos, me costearon cinco años de Universidad, un Máster, una carrera completa de música, me enviaron a estudiar fuera de España, me pagaron cursos de informática y todo lo que estuvo en su mano. A cambio, yo me maté a estudiar durante años, con jornadas maratonianas de clases y actividades que hacían que saliese de mi casa a las 7 de la mañana y no volviese hasta las 10 de la noche. Saqué todos los cursos (incluyendo la Universidad) año tras año, lo que implicó que tuviese que decir que no muchas veces a planes que me apetecían más y quedarme encerrada estudiando.

En la Universidad fui becaria de uno de los departamentos de la facultad, colaboré en varios periódicos universitarios y tuve infinidad de trabajillos varios como dar clases particulares, hacer de canguro, trabajar en el guardarropa de una discoteca... Después, vendí seguros por teléfono, fui pasante en un despacho de abogados, y empecé a trabajar duramente en varias empresas con contratos de prácticas. Tuve épocas en que no tenía vacaciones, he ido a trabajar con 40 de fiebre y me he matado por hacer todo lo que se me pedía e intentar hacerlo bien.

Y sí, ahora mismo tengo un trabajo mucho mejor que el de un porcentaje muy importante de mi generación, trabajo en el que deposito mi ilusión y mi esfuerzo día tras día, al que acudo nieve o truene o tenga una fiebre de caballo. Y es un trabajo que no estoy exenta de perder en cualquier momento, porque la situación económica es la que hay y pertenezco a una generación que vamos a tener que redecorar nuestras vidas (nos guste o no) muchas veces de aquí a esa lejana jubilación.

Y es que los jóvenes de mi generación engrosamos uno de los colectivos a los que esta crisis les está afectando más, así como los mayores de 50 años. Soy consciente de que mi Gobierno y mi País están haciéndolo lo mejor que se puede, pero eso no quita para que, basándome en la reforma laboral, no esté exenta de quejarme. Y es que además de joven, pertenezco a esa generación que nos hemos dejado los cuernos para aprobar, para salir adelante, para construirnos un futuro... Nos lo pintaban muy de rositas y al final ha acabado siendo de un color que no se le parece en absoluto.

Mientras, otras personas de mi edad, se lo pasaban bomba de aquí para allá mientras nosotros estábamos estudiando, mientras nuestros padres nos seguían no solamente manteniendo, sino también pagándonos todas nuestras clases, nuestros libros, nuestros desplazamientos... lo que hiciese falta.

No tengo nada en contra de quienes escogieron otro camino, ni tampoco les envidio en absoluto, porque me siento muy orgullosa de ser quién soy, lo que soy, y de los padres que he tenido. Pero cuando con 20 años yo tiraba como podía con la paga que me daban, había otras personas de mi generación que tenían coche, tenían dinero, no se habían esforzado en estudiar como yo y que ganaban 3.000€ en la obra. Cuando la burbuja explotó se quedaron sin trabajo y ahora viven malos tiempos, pero malos tiempos que la generación de licenciados de 30 años o menos siempre hemos vivido, y nosotros no hemos tenido burbujas.

El caso es que en la reforma laboral se incluye una bonificación para las empresas, entre otros supuestos, para menores de 30 años pero siempre que no tengan estudios. Y si los tienes, probablemente tu empresa te contrate en práctica si tienes suerte (maldito contrato de prácticas pero bendito porque hoy por hoy al menos es un contrato) y luego ya verán si te hacen indefinido para cobrar una bonificación. Y digo yo... ¿qué pasa con los licenciados que llevamos años estudiando y matándonos? Pues eso, que la reforma no cuenta con nosotros, a pesar de los altos índices de paro. Y no todas las empresas lo tienen  en cuenta, pero sí hay algunas que si no tienen bonificación, no te contratan.

Reitero: no es mi situación, doy gracias porque a mí aún no me ha pasado, pero eso no quita para que me siente indignada como perteneciente a esa generación de licenciados que nos hemos matado por serlo, cuyos padres se han matado para que lo fuésemos, y que seguimos saliendo a luchar cada día llueve o nieve. Pero parece ser que no contamos demasiado...

Y digo yo, ¿sabrá España lo que es la fuga de cerebros y lo que puede suponer a medio plazo? Yo creo que no, pero ésta es únicamente mi opinión, nada más.

Comentarios

Espe ha dicho que…
Pues me da que no, que por aquí hay muchos que todavía no se han enterado bien de lo que es la fuga de cerebros. En fin, y nosotros dando gracias por tener trabajo...
fjredondo ha dicho que…
A mi también me pasa por la cabeza de vez en cuando lo de "Tanto esfuerzo, ¿mereció la pena?"

Me alegra leerte porque alguna vez me he sentido bicho raro por haber intentado siempre devolver a mis padres el esfuerzo que ellos hacían porque yo tuviese una buena educación con trabajo y algún sacrificio por no perder ningún año de estudio y por haberme costeado mis caprichos (como irme unos meses a mejorar mi inglés a Irlanda) con mi propio dinero.

Pero, en fin, creo que somos excepciones ...

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