UNA DE LAS DOS ESPAÑAS HA DE HELARTE EL CORAZÓN

Cuando uno escribe una crónica sobre algo, intenta en la medida de los posible mostrarse lo más objetivo e imparcial posible. Sin embargo, creo que un blog es un lugar donde poder plasmar las subjetividades de cada uno, vertiendo en el texto nuestros propios pensamientos y sentimientos, lo que a veces lo hace más completa, y otras veces lo desmerece. Intentar por mi parte ser imparcial en el tema de las dos Españas es una utopía, y más aún queriendo colgar este post precisamente el día que se cumplen 80 años de aquel mítico 14 de abril en que el abuelo Antonio enarboló la bandera republicana. España sigue teniendo dos Españas dentro de sí misma, y siguen enfrentadas como lo han estado siempre. La diferencia es que en el 36 la sangre llegó al río, y desde allí al mar, y toda la tierra se tiñó de rojo en una contienda fraticida. Hoy la sangre no llega a ningún lugar, y esperemos que así siga siendo, pero uno es de izquierdas o es de derechas, se identifica con una España o con la otra, y eso implica muchas otras cuestiones subyacentes.

Si hablo de las dos Españas me resulta imposible no referirme a Antonio Machado, uno de los grandes poetas españoles, librepensador y por encima de todo un hombre bueno. A él le debemos aquellos versos tan intensos de Españolito:

Hay un español que quiere vivir y a vivir empieza
entre una España que muere y otra España que bosteza

y sobre todo aquellos versos que hacen erizar el vello y los propios sentidos:

Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

Éste es el verso que Almudena Grandes eligió precisamente para empezar el texto de El corazón helado.

Se helaron muchos, demasiados corazones. Dejó un país roto y una población dividida por ideas antagónicas. Es imposible no situarse a un lado o a otro de la línea, uno se siente español y tiene que elegir entre ambos mundos, entre ambas ideas. Yo elegí hace mucho, y desde ese lugar sigo defendiendo las ideas de la libertad, las que el bando republicano defendió con su propia sangre hasta la derrota de julio de 1939 y todo el período de tinieblas que se extendió en nuestro país hasta 40 años después, y también mucho más tiempo de uno u otro modo.

Las dos Españas siguen siendo una herida abierta, terrible y dolorosa en el costado de este país. Las familias, las ciudades, las comunidades siguen divididas, en esa guerra fraticida que hoy sigue latiendo en silencio. Una guerra siempre es una guerra, una contienda al final inútil, donde en los dos bandos existe buena y mala gente, y donde los dos bandos pierden de una u otra manera. Este libro habla de esa guerra, de la Guerra Civil española desde el 36 al 39 y la gran guerra que la siguió, la Segunda Guerra Mundial. Habla de los que allí combatieron, en uno y otro bando y de la herencia ideológica y la huella a sangre y fuego que dejaron en sus descendientes. Ese telón de fondo, ese punto de inicio es del que arranca la bellísima y a su vez terrible historia de El corazón helado.



LA HISTORIA DE ÁLVARO, RAQUEL Y DE SUS FAMILIAS.


Este libro te hace pensar. Te hace pensar muchísimo, no solamente sobre la historia sino mucho más allá. Los dos protagonistas principales, Álvaro y Raquel, son hijo y nieta respectivamente de dos combatientes de uno y otro bando. Pero sus líneas, como todo en esta vida, se entremezclan y hacen más laberíntica la propia realidad. Álvaro es hijo de Julio Carrión, un combatiente de la derecha que no sólo estuvo en la Guerra Civil española sino que vistió el uniforme nazi en la Segunda Guerra Mundial. Pero a su vez la madre de éste, Teresa, y abuela de Álvaro, abandonó a su marido y a su hijo en pos de la libertad, para luchar a su modo desde el bando republicano. Álvaro ha nacido en una familia bien, adinerada, conservadora, estricta, entre una retahíla de hermanos entre los que podemos encontrar todo tipo de caracteres. Se casó con una mujer sencilla y gris, con la que lleva una vida también sencilla y gris, y a la que a su manera quiere. Trabaja como profesor de química y su vida parece ser normal, sin sobresaltos, hasta que un día los recodos de la memoria se vuelven a abrir y los fantasmas entran a través de ellos.

La familia de Raquel es muy diferente a la de Álvaro. Su abuelo, republicano y combatiente, vivió exiliado en Francia durante años, hasta que volvió a Madrid para reencontrarse con sus raíces y también con sus fantasmas, un camino que antes o después habría de cruzarse con el de Julio Carrión. Su nieta, Raquel, será una chica desenfadada, que trabaja para un banco y lleva una vida poco convencional. Fiel y consciente de las líneas e ideas políticas de su familia, sin embargo su vida también se cruzará con la de Julio Carrión, e igualmente por ironías o simples juegos del destino con la de su hijo Álvaro. Juntos descubrirán lo que une y lo que separa a sus familias, los secretos guardados celosamente durante años y sobre todo los fantasmas que habitan a su alrededor sin que nunca hayan sido totalmente conscientes de que siguen ahí, viviendo con ellos.

La historia da comienzo en el cementerio de Torrelodones, un día gris y ventoso, del casi invierno frío de Madrid. Es el día del entierro de Julio Carrión, el padre de Álvaro, y familiares y amigos se disponen alrededor de la tumba. Todos son conocidos, todos pertenecen al terreno de lo seguro, o cuanto menos de lo plausible, hasta que Álvaro descubre a la entrada del cementerio a una chica joven, una auténtica desconocida cuya relación con su padre es un enigma, pero que sin embargo está ahí.


EL MADRID LIBERAL COMO TELÓN DE FONDO.

Cuando conoces los lugares que se reflejan en una novela, parece que te introduces más aún en ella. Resulta mucho más fácil ubicarte si los conoces bien, si has paseado por ellos, si te has perdido entre sus rincones. Esto es lo que ocurre con esta novela, que básicamente se desarrolla en Madrid y alude a multitud de lugares que yo conozco, por lo que he paseado, por los que me he perdido. Por ello la disfruto aún más si cabe. Madrid es un lugar especial, un cruce de civilizaciones, un pueblo grande hecho de inmigrantes que vienen de cualquier lugar del mundo y que en ella a su modo encuentran su lugar. Además, a mí me encanta Madrid, me gusta el Madrid de toda la vida, perderme por sus recovecos, por sus secretos, por sus rinconcitos de historia. Frecuentemente me pierdo por ella y por sus secretos, paseo sin rumbos fijo y descubro pequeños tesoros. Por ello, cuando los protagonistas de esta historia recorren las calles situadas por encima de Plaza España, donde el Cuartel de Conde Duque, o la calle Arenal, o cualquier otro rinconcito de la ciudad, yo me veo a mí misma allí, más dentro de la historia, conociendo el lugar, como en una película en la que yo también soy un poquito protagonista.

Además Madrid tiene mucho que ver en el concepto de las dos Españas. Madrid se opuso al levantamiento del general Franco, cerró sus murallas y evitó que entraran en ella hasta que fue tomada ya en el 39. Madrid era sobre todo republicana, sobre todo librepensadora, por encima de todo una ciudad viva y con ganas de vivir y de luchar. Pero en ella se instaló la corte del franquismo y se convirtió en uno de los símbolos de lo que siempre había detestado. Hoy Madrid es de nuevo una ciudad libre, un cruce de culturas, la ciudad de los brazos abiertos donde nadie es extranjero. Pocos son de Madrid, si ellos lo son, sus padres o sus abuelos son de cualquier otro rincón del país, incluso del mundo, pero Madrid hace que te sientas madrileño, que vivas en ella y la disfrutes, que aprendas de sus aciertos y sus errores. Ay, Bendita España de Azañas y Machados, bendita Madrid, mater dolorosa.


HAY LIBROS QUE ENAMORAN…

Hay libros que te enamoran desde la primera página y que lo disfrutas y lo exprimes hasta llegar al final, y sin duda éste es uno de ellos. Al principio, cuando lo coges entre tus manos y contemplas el peso de su más de 900 páginas tienes la sensación de que no podrás con él o de que leerlo te llevará semanas. Y todo lo contrario, según vas leyendo te vas picando cada vez más y te vas metiendo en la historia, de forma que necesitas seguir leyendo más y más. Cada vez que la historia da un paso adelante, tú ya estás pensando en el siguiente, y luego en el que irá después. Además, no es una historia lineal, sino que da saltos en el espacio y en el tiempo. En ocasiones se nos habla del pasado, de la vida de Julio Carrión o de la vida de los padres de éste incluso; también de la familia de Raquel o de cuestiones del pasado. Otras veces podemos asistir a la vida actual de los protagonistas, cada uno por su lado, de Álvaro y de Raquel, la historia que lo une y las vidas propias que los separan. Por ello, siempre te quedas colgando de un interrogante, cuando quieres saber más sobre cualquiera de esas líneas, se cruza otra distinta que te lleva a una frustración momentánea por no saber más de la anterior, pero a la vez te pica el gusanillo por continuar esa otra línea. En definitiva, ¿es adictivo?, no solamente eso, es simplemente fascinante.

El momento histórico en el que se basa, del que nace la historia narrada es el del cruento enfrentamiento bélico de la Guerra Civil. El conflicto venía de largo, de la confrontación de las dos Españas, de la dualidad del pensamiento de este país. Se trata de un tema para mi parecer interesantísimo, espinoso pero de suma importancia para la historia de este país y también para la realidad actual. Da mucho que pensar, le das muchas vueltas a todo a raíz de la lectura de El corazón helado, porque además personalmente no puedo dejar de sentirme identificada y situarme en los zapatos de Raquel o de Álvaro, ya que representan más o menos a mi generación y sus preguntas, sus interrogantes, sus anhelos... de alguna manera también son los míos.

Madrid, con sus recovecos, sus fantasmas, sus secretos, sus luces y sus sombras. Quizá algún día Carpetania se anime a hacer un recorrido literario alrededor de la historia de El corazón helado como ya se ha hecho con otros libros u otros autores. Pero mientras se hace o no, por simple curiosidad personal, quiero recorrer esos lugares y evocar, la historia de Raquel y de Álvaro y los secretos de ambas familias entrecruzados.

Esta novela es fascinante. Os la recomiendo totalmente, es larga pero se hace corta, os enganchará y os encantará. Es uno de esos libros que no solamente hay que leer sino que hay que tener como uno de los tesoros de nuestra biblioteca particular.


Y para terminar, os dejo el Españolito de Machado cantado por Serrat, esperando que algún día las heridas se cierren y ninguna de las dos Españas nos siga helando el corazón.


Comentarios

Espe ha dicho que…
Jo, y yo que no he leído ese libro aún...
fjredondo ha dicho que…
Estoy con él. Tenía el libro en papel por casa y me intimidaban sus 900 páginas, pero como me he pasado al formato electrónico finalmente me he atrevido y lo he empezado, pero me queda tela que cortar todavía para rato. Ahora salgo de casa todos los días con El Corazón Helado y La Caida de los Gigantes en el bolsillo y tan pancho.

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