CUENTO PARA HENAR: PUPPY Y LA ABEJITA



 Hacía muchos, pero muuuuuchos años que no iba por Bilbao. Este verano, teniendo en cuenta que íbamos a estar unos días en Santoña (localidad costera de la zona oriental de Cantabria, tan próxima a Bilbao) en seguida me hice mi esquema mental de los lugares que quería visitar, y, entre ellos, estaba Bilbao.

Hacía tanto tiempo que no iba, que estaba segura que me iba a encontrar con una ciudad totalmente transformada, que casi ni reconocería (como así fue el caso). Bilbao ha cambiado mucho en los últimos años, entre que mis recuerdos eran vagos y lejanos y que la ciudad se ha dado un lavado estupendo, que la ha dejado preciosa, el resultado fue el esperado: me sorprendió y me encantó a partes iguales.
Y si hablamos de Bilbao, del nuevo Bilbao, resulta imprescindible referirse al archiconocido Museo Guggenheim. Personalmente, nunca había estado en el museo, ni siquiera lo había visto construido (imaginaos el tiempo que hacía que no pasaba por allí), y aunque ese día no íbamos a tener tiempo de visitar el museo (algo que queda pendiente para nuestra próxima visita, que espero que no sea dentro de mucho tiempo, quizá para el próximo verano…), sí quería al menos ver el edificio y pasear por la ría y los alrededores.
La verdad es que el plan salió fantástico, ya que aparcamos muy cerca del Guggenheim y pudimos verlo desde sus diferentes perspectivas. Fuimos hasta el Barrio Viejo andando por la Gran Vía y el centro a la ida, y volvimos por el paseo de la Ría después. La verdad es que nos dimos una paliza bastante considerable con todo lo que anduvimos, y aunque al principio estaba nublado, luego hizo un día estupendo con un sol espléndido y que llegó a “picar” bastante. Pero sin duda mereció la pena. Me encantó Bilbao y su nueva imagen.

Y en ésas andaba yo cuando, acercándome al Guggenheim de repente, allá en la lontananza, veo a una imponente figura.
¿Qué es eso? Me autopregunté bastante sorprendida.
Y automáticamente pensé: No sé qué es en realidad, pero es sin duda el Paraíso de una Abeja.
Y de ahí, nació un pequeño cuento.Una pequeña historia que le contaré a mi nena dentro de poco, cualquier día antes de ir a la cama, evocando aquel día que las dos recorrimos Bilbao y que conocimos a Puppy, el protagonista de este cuento (con permiso de su amiga la abejita).





Bzzzzzzzzz, bzzzzzzzzz….

Soy una abejita que he venido de viaje a Bilbao...
Me han dicho que esta ciudad es muy bonita y que me va a gustar mucho, y aquí estoy yo aleteando y volando de aquí para allá.

Bzzzzzzzz, bzzzzzzzzzz…..
Pero, ¿qué ven mis ojos? ¡No me lo puedo creer! ¿Qué es esa figura imponente que se levanta en el horizonte?
Parece…. (ay, que me pongo nerviosa y todo). Parece…. Un edificio entero de flores y néctar. Ay, ay, ay… el Paraíso de una Abeja como yo!!!!
Y la abejita fue volando y volando hasta acercarse a aquella gran mole de flores de colores y aromas intensos y embriagadores que tanto la atraían. Dispuesta a darse un gran festín!!!

Bzzzzz, bzzzzzzzzz….
De pronto notó cómo aquella gran montaña de flores y polen se movía. 
¡Un terremoto!, -pensó asustada. Alas,¡¡¡para que os quiero!!!!
Pero mientras se alejaba volando y volando de pronto oyó.
Abejita, abejita, no te vayas.
¿Pero qué oigo?
Debo de estar soñando, una montaña de flores no puede hablar.

Bzzzzz, bzzzzzz…..
Y la abejita salió de allí por alas, pero miraba para atrás de vez en cuando a ver qué pasaba.
De pronto, lo oyó perfectamente, unos ladridos imponentes, de un gran perro que decía,llamando su atención:
¡Guau, guau!
Abejita, ¿no me oyes?¡¡¡No te vayas!!!!
La abejita, asustada miró de nuevo, fijándose en la gran mole de flores y polen.
No puede ser verdad -pensó. ¿Eso que ven mis ojos es realmente un perro?

Bzzzzzzzz, bzzzzzzzzz…..
Claro, abejita, soy un perro. Pero un perro bueno. Aún soy un cachorro y me llamo Puppy.
La abejita no podía creérselo, ¿un perro?, ¿un cachorro? ¿Puppy?. Por lo menos debía de estar delirando… El polen de alguna de esas miles de flores que poblaban esa gran montaña le había sentado mal. Se estaba mareando sólo de pensarlo.
Que sí, que sí, que soy un perro. Acércate, que te cuento mi historia.
Y la abejita se acercó. Porque la curiosidad siempre nos atrae y ella necesitaba saber si había consumido polen en mal estado o realmente aquello de verdad era un perro.


Bzzzzzz….. bzzzzzzz……
Puppy se puso muy contento. Le gustaba mucho la compañía, pero como era tan grande, muchas veces daba miedo. La gente le sacaba fotos, pero nadie se paraba a hablar con él y eso le entristecía mucho. Se aburría ahí sentado, a la puerta de su casa, el Museo Guggenheim, día y noche. Por eso, había decidido que cuando alguna abejita u otro insecto se le acercase (sabía que tenía un don especial para ellos), se quedaría muy quieto e intentaría hablar con ellos y hacerse amigo suyo. Pero el problema es que esta abejita había decidido pararse sobre una de sus orejas y le hacía cosquillas, por lo que no pudo evitar moverse. Y claro, la abejita notó el movimiento y se asustó, pensando que aquello era un terremoto. Pero no, sólo era él.
Me llamo Puppy y soy un cachorro de Westy-le dijo a la abejita. No te asustes de mí, que soy bueno…
La abejita le miraba, a medio camino entre la curiosidad y el temor. Pero Puppy decidió seguir contándole su historia.
Ese edificio tan bonito que ves ahí detrás es mi casa, y además es un Museo: el Guggenheim.

Bzzzzzzz. Bzzzzzzz……

La abejita seguía escuchando a Puppy.
Viene mucha gente todos los días al museo, hay cosas muy bonitas dentro -siguió diciéndole Puppy dicharachero. Y a mí también me sacan muchas fotos, les llamó la atención creo yo…
La abejita entonces contestó: ¿Les llamas la atención?, pues ¡claro!. Yo nunca había visto un perro como tú. Ni siquiera creía que fueses un perro.
Sí, claro que lo soy, le dijo Puppy.
Es que nunca había visto uno como tú -le respondió la abejita.

Bzzzzzz…. Bzzzzzzzzzz……
Entonces, Puppy, continuó su relato, contándole a la abejita de dónde era y toda su historia.
Soy un perro, soy una escultura de Jeff Koons.
La abejita no entendía muy bien de qué le estaba hablando Puppy y le miraba un poco extrañada.
Un escultor de Estados Unidos me hizo, soy un perro Westy muy original, multicolor y con muchísimas flores. ¿No te gusto?
La abejita le contestó rauda y veloz: Claro que me gustas, me encantan tus flores y tu polen, y además eres muy simpático.
Puppy, como buen perro que era, en seguida se puso contento y meneó el rabo en señal de alegría.
Lo que pasa… -siguió la abejita- es que me has asustado
Pensaba que eras una gran montaña de flores y cuando te has movido…
Puppy en seguida le contestó a su nueva amiga la abejita:
Lo siento mucho, abejita, pero es que me estaba picando la oreja porque me hacías cosquillas.
La abejita lo comprendió todo rápidamente y le dijo a Puppy que no había problema. Puppy lo que quería era que se hiciesen amigos y a ella le caía bien ese cachorro gigante de colores y flores. Pero es que además había un polen maravilloso y unas flores estupendas en todo el cuerpo de Puppy, así que se atrevió a preguntar:
Lo entiendo perfectamente Puppy. Pero… ¿crees que podré tomar algo de polen de tus flores? Lo necesito para hacer miel. -le preguntó un poquito preocupada.
Claro que puedes, pero si me muevo o me rasco la oreja, no te asustes, que no voy a hacerte daño. –le contestó Puppy.

Bzzzzzzzz…… bzzzzzzz……
Y así lo hicieron. La abejita revoloteaba alrededor de Puppy, poniéndose morada con el maravilloso polen de las cientos de flores que cubrían todo el cuerpo de Puppy. Y mientras, ella y Puppy hablaban y se contaban muchas cosas, haciéndose grandes amigos.

La próxima vez que vayas a Bilbao, Henar, seguro que vemos a Puppy –le dije a mi hija. 
Tienes que fijarte bien, porque aunque es difícil verla, seguro que la abejita está allí revoloteando junto a él.

Bzzzzzzzzz……… bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz…………

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Comentarios

Espe ha dicho que…
Ay, ya sabes que me ha encantado. Es que es precioso. :-)
Leira ha dicho que…
Seguro que a Henar le gusta, besitos y muy buen cuento.

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