ATLAS DE GEOGRAFIA FEMENINA

Ayer fui a ver Atlas de geografía humana en el María Guerrero.

Seguro que os suena, es una novela de Almudena Grandes, una de mis escritoras favoritas. En concreto, esta novela la leí en dos ocasiones, la primera hace unos cuantos años, y la segunda hace casi cuatro ya (¡cómo pasa el tiempo!). Lo sé porque mi amigo Pedro me pidió en su día una reseña que en su día también le hice gustosa y que os enlazo por si a alguien le interesa. 

El caso es que, hace un par de meses, me enteré que iban a representar esta obra en el María Guerrero. Tenía claro que no podía quedarme sin verla, así que, rauda y veloz fui rápidamente a sacar las entradas (y de paso beneficiarme del superdescuento del 50% del día del espectador) para no quedarme sin ellas. 

Aviso a navegantes teatreros: la obra estará en cartel hasta finales de diciembre y las entradas están ya casi agotadas, así que si tenéis interés, comprarlas ya aquí. La representan en la Sala de la Princesa (la sala pequeña del María Guerrero) y el aforo es más que limitado. 


LA GENERACIÓN DE CUARENTAÑERAS (QUE NO CUARENTONAS) QUE PLANTAN CARA A LA VIDA CADA DÍA. 

Al entrar a la representación, nos dieron el programa de la obra como es habitual, y en él, se encontraban las palabras de la autora, Almudena Grandes. Me sorprendió de dónde nació la idea de esta novela (es algo habitual en mí, sorprenderme de esos momentos de los que nacen ideas que a veces se convierten en pequeños posts, otras en grandes novelas). Todo surgió en una conversación en una terraza, en una fría y plomiza mañana de la primavera de Madrid. ¿Tú dices mucho "amor mío"?, ¿Le has llamado "amor mío" a alguien con frecuencia?. El "amor mío" lo había pronunciado el hombre equivocado de aquella temporada, con la que la amiga de Almudena Grandes habría tenido una historia de ésas que terminas olvidando.

Una simple frase hizo "click" en la cabeza de Almudena, y se dijo claramente que debía escribir una novela sobre los conflictos de identidad de la generación  de la Transición. Y esa novela, como no podía ser de otra forma, es Atlas de geografía humana. Una novela que tiene como protagonistas a cuatro mujeres muy diferentes entre sí, con pasados y formaciones diferentes, que coinciden trabajando en una editorial y que representan la problemática de esa generación: Fran, Rosa, Ana y Marisa, cada una con sus matices, cada una con su historia a cuestas, con sus problemas, con sus sueños, con sus vidas...



FRAN, ROSA, MARISA, ANA... PERO SOBRE TODO ANA...

Tengo pocas, muy pocas actrices fetiche, pero alguna tengo. Y probablemente una de esas rara avis sea Ana Otero, es chica discreta, de barrio, pero sensual... Aún recuerdo cómo me fascinó en su papel de Judith en la adaptación de mi novela favorita de uno de mis escritores favoritos: Sandor Marai y La mujer justa, cuya adaptación pude disfrutar en el Teatro La Abadía el año pasado, y sobre todo pude disfrutar de la actuación de Ana (por si tienes interés en la reseña, clica aquí). 

Desde entonces, me temo que me haya enamorado de Ana Otero. Y que interprete un papel en esta obra, para mí ya era un plus importante, pero que además interprete el papel de Ana.... Y es que Ana es para mí la pieza más brillante de las cuatro, la historia empieza y acaba en ella, al menos de manera onírica. 


Ana, la adolescente que quiso vivir demasiado deprisa y que terminó estrellando sus sueños en las calles de un París que no la quería. Pero volvió a Madrid, dejó en el pasado su dolor y comenzó a luchar por sí misma, como siempre lo había hecho. Ana es guapa, más que guapa, interesante... de esas personas que mirándolas a los ojos pueden atisbar su profunda inteligencia y su tesón. Vivió demasiado deprisa y ahora a sus treintaytantos tiene una vida con agujeros, una hija adolescente, cierto rencor a los hombres y muchos problemas para encajar los bolillos de su economía y poder pagar las facturas a fin de mes. Pero un buen día, comprenderá que las cosas pueden cambiar, que a veces cambian y que con ella la suerte va a sonreír, poniéndose a su lado. El riguroso autor, el hombre más pedante de toda la redacción, terminará convirtiéndose en su amante, en su cómplice, en el hombre de su vida que, meses atrás nunca creyó que pudiera existir sobre la faz de la tierra. Pero a veces las cosas, aunque no sean fáciles, salen bien. Y ella sabe que debe luchar por sus sueños. 

Personalmente, no se me ocurre a nadie mejor para interpretar a Ana que la propia Ana Otero


Rosa, ay, Rosa.... me resulta inevitable no sentirme identificada contigo, no verme reflejada en tus palabras. Eso de mujer en casa, trabajadora a tiempo total (dentro y fuera), chica de los recados, organizadora de agendas... ¿por qué será que me suena? La otra parte de su vida, todavía no me ha tocado (creo). Rosa no es feliz, la han timado como nos han timado a tantas, diciéndonos que ser madre trabajadora es lo más chachi del mundo, ¡mentira!, vivir con la angustia de que el reloj siempre te gana la partida y que tú y tu vida ya no existís es una mierda. Rosa, un buen día, se lía con un compañero de trabajo para escapar de la rutina... pero la cosa no sale como ella querría, por mucho que le diga amor mío... Tampoco su matrimonio sale como ella querría, después de mucho tiempo de mirar para otro lado, al fin es capaz de mirar la verdad a los ojos, de coger la vida por los cuernos (con y sin metáfora) y tomar las riendas de su propio destino. 

Nieve de Medina es quien da vida a Rosa en esta adaptación. 


Fran es una de esas mujeres sin fisuras, de esas mujeres fuertes, perfectas, que lo tienen todo controlado: desde su trabajo de jefa en la editorial hasta su casa perfecta, su matrimonio de pijos de izquierda, en su mundo no caben las fisuras... pero todos, absolutamente todos, tenemos momentos en los que nos derrumbamos, momentos en los que tras la piedra sale el agua de las lágrimas. 

El papel de Fran es interpretado por Arantxa Aranguren


Y por último está Marisa, el patito feo, la chica que tartamudeaba, la que vivió con su madre hasta la muerte de ésta y que aún no ha sabido librarse de los lastres de su pasado. Nunca ha tenido una relación personal duradera y ahora vive una historia con Foro, quien también tiene sus propios lastres, y cuya relación no se atreve a confesar al resto de sus compañeras. Pensaba al leer el libro que era el personaje menos atrayente de los cuatro... y lo sigo pensando tras la representación teatral. 

En este caso, Rosa Savoini es la encargada de dar vida a Marisa. 


UNA BUENA ADAPTACIÓN TEATRAL. 

Una cosa es una novela de cientos de páginas, con espacio suficiente para desarrollar una historia, o un universo de historias como el que se entreteje en Atlas de geografía humana. Pero ese mismo universo de historias, que engloba tras de él a una generación completa, resulta prácticamente imposible de limitar a poco más de una hora de interpretación sobre las tablas de un escenario. 

Por eso, creo que la adaptación llevada a cabo en este caso por Luis García-Araus es francamente buena y digno es reconocérselo. Lógicamente ha tenido que tirar de tijera y recortar mucho la novela, pero lo ha hecho muy bien, sin perder la esencia de las historias que trazaba Almudena Grandes en su libro. Y eso, es muy de agradecer, tanto para un espectador de esta obra teatral como (más aún) para alguien que además haya leído la novela anteriormente. 


LA EXPERIENCIA DE ITACA TEATRERA. 

Me ha gustado mucho esta obra y creo que a las tres amigas con las que asistí, también. No se hizo larga, sino quizá incluso un poco corta, era teatro condensado, una joya con una buena escenografía, un excelente elenco de actrices y además un violín que hacía casi que te pareciese un sueño todo aquello. 

Disfruté muchísimo con uno de los mejores montajes a los que he tenido el placer de asistir en este 2012 y salí de allí con muy buen sabor de boca. 

La historia de Atlas de geografía humana es la historia en femenino de una generación. Pero aunque sea la generación de Almudena Grandes, de esas mujeres que hace veinte años tenían más o menos mi edad, es decir, la generación de mi madre arriba o abajo (lo acabo de mirar y Almudena tiene cinco años menos que mi madre), mi generación, en cierta medida, no está tan lejos de aquella generación y sobre todo de sus problemas. Personalmente, me resulta muy fácil sentirme Rosa en algunas ocasiones, sentirme Ana en otras... quizá me siento muy lejos de Fran, mucho más aún de Marisa. Pero, en definitiva, es una buena radiografía de los problemas de las mujeres hace veinte años y de los problemas que seguimos teniendo hoy. Porque, al fin y al cabo, las cosas, en muchos aspectos, no han cambiado tanto...

Un montaje teatral francamente bueno, que creo que no deberíais dejar pasar. Así que, si os interesa, daros prisa, no os quedéis sin entradas, que quedan muy pocas!!!!

Comentarios

Espe ha dicho que…
Pues por lo que veo habrá que espabilarse para conseguir entradas. Si me quedo sin ellas leeré la novela de todas formas.
Pedro ha dicho que…
¿Planes a largo plazo? Pues seguro que entonces me quedo sin ver esta obra,porque con el follón de fechas que se me avecina, cualquiera programa nada. Muchas gracias por en enlace a mi blog.
Aunque quiera creo que voy a tener problemas para poder hacer un hueco en tan corto espacio de tiempo, pero me has dejado con la miel en los labios. Un beso.
Leira ha dicho que…
Me has dejado con las ganas de leer la novela.

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