MADRID CON NIÑOS 4: PINOCHO SUI GENERIS CON EL GENIO DE ALADDIN EN EL TEATRO CALDERÓN

Hace un par de fines de semanas decidimos volver a arriesgarnos a llevar a Henar al teatro. La última vez que habíamos ido, nos había salido el tiro por la culata, nada más entrar se puso a berrear como una loca y con las mismas tuvimos que salir cinco minutos después de entrar. Pero como aquí la que suscribe, la madre de la susodicha, está convencida de que el teatro es algo maravilloso que debe conocerse y disfrutarse de la más tierna infancia. Y un mal día lo tiene cualquiera, así que estaba dispuesta a probar suerte otra vez.
He de reconocer que además tenía un arma especial. Como era el cumple de la princesa, sus abus estaban en Madrid, y claro,ir con los abus al teatro (o al fin del mundo, da igual) siempre es una idea estupenda. Y vaya que si lo fue, esta vez no salió llorando nada más entrar y tras el tiempo de adaptación habitual (unos 15 minutos esta vez), aquí la princesa terminó cantando y bailando subida a una mesa. No digo más. 

PINOCHO EN EL TEATRO CALDERÓN, NO ESPERES EL CUENTO QUE CONOCES.

Creo que todos conocemos la historia de Pinocho, la marioneta de madera hecha por Gepetto y a quien el Hada Azul concede la gracia de convertirlo en un niño, el hijo que Gepetto siempre quiso tener. Pero Pinocho se meterá muchas veces en líos y le pondrá las cosas especialmente difíciles al bueno de Pepito Grillo, quien debe convertirse en la perfecta voz de la conciencia e intentar que el pequeño Pinocho le haga caso, algo que no siempre consigue.

No creo haber desvelado el cuento a nadie, al menos no de nuevas, porque la historia de Pinocho la conocemos todos. O quizá debería decir que creíamos conocerla.

Viendo la cartelera teatral infantil madrileña, decidí escoger Pinocho porque era una historia que conocía y que creía que a Henar le podía gustar. Además, también pesó el hecho de que la representaban en el Teatro Calderón, un teatro al que ya habíamos ido con Henar y que resulta muy cómodo por su estructura de mesas y sillas, tanto en el patio de butacas, como en los palcos. Y además, queda en el centro, estupendo para comer luego con los abus por la zona y, como nos hizo buena tarde, relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor, ¡verídico!
Pero volvamos a la historia de Pinocho. Allí estábamos los cinco (Henar, abus y papá y mamá) expectantes ante la obra de teatro. El decorado parecía bonito y colorido y la obra, a priori, tenía buena pinta.

El primero que aparece en escena es Pepito Grillo, hasta ahí vamos bien.

Poco después aparece Fígaro, la mascota de Gepetto, que es un perro. ¿Eins? ¿perro? No, Fígaro toda la vida ha sido un gato. Sí, sí, estoy segura de que siempre ha sido un gato... Pero hete que aquí es un perro.

Llegan los dos ante Gepetto, que lleva todo el día trabajando en su taller de carpintería y que acaba de terminar una marioneta preciosa con forma de niño, a quien llamará Pinocho. El viejo Gepetto sueña con tener un niño de verdad e imagina cómo sería su vida si el pequeño Pinocho dejase de ser un niño de madera y se convirtiese en un niño de verdad, su propio hijo.

Gepetto sale de escena y entonces es cuando debería aparecer el Hada Azul...

Pero no, lo que aparece sí es azul y también tiene poderes mágicos pero no es un hada, es.... ¡¡¡¡El Genio de Aladdin!!!! ¿Eins? En ese momento yo no entendía nada... pero nada de nada, lo aseguro.

Cuando llegué a casa leí lo que no había leído hasta entonces, en la propia web del Teatro Calderón: Aquí es cuando debería aparecer la famosa Hada Azul que ayuda a Gepetto a cumplir sus sueños, pero en esta ocasión será el Genio de la lámpara maravillosa el que a través de tres deseos logra que Pinocho se convierta en un niño de verdad.

La crisis es lo que tiene, hay que reciclar y reutilizar todo lo reciclable y lo reutilizable, y el vestuario de una obra teatral también. Supongo que en lugar de echar mano de un nuevo vestuario de hada azul, vendría bien el vestuario de genio de la lámpara de Aladdin, que tenían a mano, y cuyo color azul no desentonaba con la historia... Pero vamos, suposiciones mías.

El Genio de Aladdin hará lo que se supone que debería haber hecho el Hada Azul, concediendo teóricamente tres deseos, que terminarán usando, y quizá incluso alguno más. Una simbiosis entre ambas historias, la de la lámpara maravillosa y la del niño de madera.

El resto de la historia parece que encajaba. Aparecen el zorro y el gato (con la misma imagen que en la película de Disney) que pondrán en aprietos a Pinocho, los niños que se convierten en burros, incluso la ballena que se tragará a Gepetto, Pinocho y Pepito Grillo. El resto de la historia, excepto las apariciones del Genio de Aladdin de nuevo y el perro-que no gato- Fígaro, parece que fueron bastante fieles al cuento de Pinocho y a la adaptación de Disney, que al fin y al cabo es la que todos tenemos en la cabeza.


PERO LOS NIÑOS SE LO PASARON BIEN.

Al salir, nos encontramos con unos amigos que también había ido con su sobrina a ver el espectáculo y uno de ellos me preguntó: ¿Te ha gustado?. Yo le dije que sí, y él, que sabe mucho de teatro, me miró extrañado...

Creo que debería explicarlo mejor. Sí, la obra tiene muchos puntos flojos, no sólo de historia, personajes, adaptación.... que ya todo eso tiene suficiente tela que cortar. Sino también podríamos hablar de las actuaciones per se de los intérpretes.




Pero... me gustó, porque mi pequeñaja se lo pasó fenomenal. Ataviada con sus recién adquiridas orejas de Minnie Mouse, no se cansó de cantar ni de bailar, incluso acabó encima de la mesa como os he contado. Y teniendo en cuenta que nuestras experiencias teatrales más recientes con ella no habían sido demasiado buenas, me encantó verla así de contenta. Obviamente, la obra es muy mejorable, pero ¿qué más da? Es una obra de niños o para niños. Y si a ellos les gusta, ¿quiénes somos los mayores para criticarla? Sí, nos toca aguantarla hasta el final, pero a mí, en esta ocasión, cantando y bailando con Henar, me lo pasé fenomenal.

LA EXPERIENCIA DE ITACA.

Creo que la valoración que debería darle a esta obra es un 7. Recalco lo que ya os he dicho, creo que al ser una obra para niños, aunque los mayores tengamos que aguantar la obra completa, deben de ser ellos quienes la enjuicien. Y si ellos se lo pasan bien y lo disfrutan, pues no debemos ser los mayores quienes les fastidiemos la fiesta.
Como os he contado, esta obra es muy mejorable en muchos aspectos. Incluso en el aspecto infantil, porque Henar todavía no ha visto las películas Disney ni de Pinocho ni de Aladdin (aunque tenemos ambas en casa). Pero de haberlo hecho, le habría chirriado sobremanera, al igual que a mí misma que Fígaro fuese ¿un gato? y lo que es peor, que la bellísima Hada Azul se haya convertido en el Genio de la Lámpara Azul... ¿y qué pinta aquí en Pinocho y no está con Aladdin?. Y sí, entiendo lo de la crisis y los vestuarios, pero hombre... creo que se han pasado demasiado con esta adaptación libre.

Sin embargo, en el lado positivo he de decir que la obra resultó bastante entretenida y que los niños se notaba que disfrutaban mucho con ella. Los escenarios eran coloridos y versátiles y la función tenía muchas cancioncillas para bailar, desde el conocido Vamos a contar mentiras tralará... que tan bien encaja con la historia de Pinocho.

Precisamente, no debemos olvidar que la historia de Pinocho está llena de mensajes buenos para los niños: no mentir, obedecer, y las cosas malas que ocurren cuando eres mentiroso y desobendiente.

No la recomiendo encarecidamente, pero creo que podría estar bien para los peques, que es de lo que se trata. Y nosotros pasamos una mañana de teatro estupenda, sobre todo viendo cómo nuestra pequeñaja se lo pasaba bomba.

Comentarios

Mientras los niños lo disfruten y se aficionen al teatro...
Como tu dices, va dirigida a niños y si ellos disfrutan cumple totalmente su cometido, opinemos los mayores lo que opinemos.
Cuando he leído que habías llevado a Henar a ver Pinocho he pensado que habría sido un fracaso, pero claro que yo lo veía desde mi apreciación personal. De niña el cuento de Pinocho me hacía llorar siempre que me lo leían y de la película me tuvieron que sacar dos veces. Besos.
ITACA ha dicho que…
Ufff, vamos, que Pinocho no lo quieres ni ver ¿no Concha?

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