LOS VIERNES VITALES 3: LO QUE QUEDA, QUEDA; LO QUE NO, QUIZÁ NO DEBA QUEDAR.

Ayer tuve una tarde fascinante. Me pasé el día entero corriendo, pero eso da igual. Salí de trabajar tarde, a las 16.15, cuarenta y cinco minutos más tarde de mi hora. Fui corriendo a recoger a Henar a la guarde, la dejé en casa con su papá, me cogí la moto y me recorrí medio Madrid para llegar, con el tiempo justo, al otro extremo de la ciudad. Tuve el inmenso placer de asistir a una peculiar clase magistral sobre teatro con Sergio Perís-Mencheta, Roberto Álvarez y Marta Solaz. Una clase de teatro... o más bien una clase sobre la vida misma, sobre las reflexiones que podemos, y debemos, hacernos cada uno de vez en cuando. 

De las cosas que dijo Perís-Mencheta me he apuntado unas cuantas para profundizarlas, explorarlas, meditarlas... Pero hoy empiezo con una. 

Aquí la que suscribe, ahí estaba, sentada en el patio de butacas de la sala 2 del Matadero, intentando aprender... y a la vez aprehender todo lo que me contaban. Por supuesto, estaba ataviada con una libreta y un rotulador. No tomaba notas como una posesa (hace tiempo que aprendí que además de escribir es mucho más importante escuchar y que mientras escribes hay muchas cosas que no escuchas), pero sí apuntaba ciertas cosas. 

Y en medio de las reflexiones que Perís-Mencheta compartió con nosotros, soltó la frase de marras (no me atrevo a llamarla frase maldita, aunque probablemente quizá lo fuese). 

Lo que queda, queda; lo que no, quizá no deba quedar. 

Nos contó que tuvo un gran maestro de teatro que prohibía las libretas, tablets, teléfonos... vamos, que en sus clases prohibía que nadie recogiese por escrito, por cualquier medio, sus enseñanzas. Aquel hombre (un reputado y conocido director) estaba convencido de que lo que recordamos es porque lo tenemos que recordar y lo que olvidamos, será porque no teníamos que recordarlo. 

En nuestro mundo (el mundo moderno, que diría mi abuela) nos programan desde pequeñitos para que seamos máquina: grabadoras, computadoras, mecanografiadoras... pero que las cosas que nos cuenten nos las aprendamos, las recordemos, nos esforcemos en no perder ni una coma... 

Nunca me había dado por pensar justamente en lo contrario. Que quizá mis adoradas libretas no me aportan tanto como yo creía (sí, me encantan las libretas, las compro por docenas y es habitual encontrarlas en cualquier rincón de mi casa, de mis bolsos, de mi vida... llenas de anotaciones, de cosas que apunto, que me gustan, que me parecen interesantes para reflexionar... Aunque luego, quizá no les hago tanto caso como debería. 


Pero es muy posible que de esa clase que tuve ayer con esos tres pedazo actores deba guardar su recuerdo único y tres o cuatro frases impactantes de las que dijo Perís-Mencheta. Él dijo muchas cosas interesantes, para una amateur teatral como yo, prácticamente cualquier cosa que diga alguien como él tiene un valor incalculable, pero es que además me gustaron sus reflexiones y me dan pie para reflexionar. Pero quizá, por alguna razón, sólo algunas de ellas debían de perdurar, porque me habían calado. 

De esa tarde guardaré un recuerdo nostálgico y bonito y algunas reflexiones que lograron hacer un clic en mi interior. 

O quizá sea una chica desobediente (algo muy normal en mí) y relea las anotaciones de la libreta. Sobre todo porque aunque no tengan que quedar, hay cosas que me gustaría explorar personalmente, sobre las que me gustaría reflexionar en profundidad y sacar mis propias conclusiones. 

¿Qué opináis? 

Comentarios

Margari ha dicho que…
Ese "quizá" induce a mirar la libretita... Pero me parece una frase acertada, aunque a medias. O será que como soy una olvidadiza, no me fío de mi memoria. Así que también acudo a libretas.
Besotes!!!
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
Teresa ha dicho que…
No me había parado a pensarlo, en parte es verdad, pero a veces se nos queda no lo más importante, si no a lo que ese momento estábamos prestando atención.
¡Un beso!
PD. A mí también me encantan las libretas, jeje.

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