VIERNES VITALES 17: ORGANIZA TU VIDA

Lo confieso. El orden nunca ha sido lo mío. Tampoco vivo en el caos más absoluto, pero me dan incluso grimilla las personas que viven en un Excel, controlando cada momento de la vida. Yo soy mucho más pasional (soy libra, me muevo por vientos) e incluso me gusta no tener las cosas demasiado planificadas, porque creo que ahí reside la magia de la vida. En la vida muchas cosas te van a ocurrir sin que puedas preverlas; a veces son cosas buenas, otras veces son cosas malas. Construir una forma de ser en la que seas capaz de avanzar y de crecer, de disfrutar de las cosas buenas que surgen y reponerte y superar las cosas malas, creo que también es importante. Y para ello, es necesario no tenerlo todo súper organizado.

Pero de ahí al caos absoluto, hay mucho trecho. Mi vida desde que nació mi hija ha sido caótica, ni más ni menos que la de cualquier padre o madre, con el agravante de que yo, ni tengo una señora en casa, ni tengo vida familiar. Durante dos años me he dedicado a correr en todas las direcciones como pollo sin cabeza, dejando de lado mi vida, comiendo mal y a deshoras y siempre con la sensación de que no llegaba a nada. Todo eso se convirtió en acritud. Ese estrés que tanto yo como mi marido sufrimos cada día se trasladó a nuestra propia relación, a decirnos cosas feas, a hacernos daño, a tener constantemente en la boca expresiones del tipo pues yo hice esto, pues tú no hiciste lo otro. Y así, no íbamos a ninguna parte.

Supongo que el 2014 lo recordaré algún día como el año en que me replanteé casi todo. En primavera hice un proceso de coaching profesional que me ayudó a aceptar la situación laboral, a verle sus pros y sus contras y sobre todo a tener muy claras mis prioridades. Mi prioridad es mi vida, no mi trabajo. Mi trabajo me aporta, pero ni es lo más importante ni por supuesto es lo único. No soy work alcoholic y creo que quien lo sea tiene una enfermedad y que queriendo que todo el mundo a su alrededor considere el trabajo como lo más importante lo único que quiere es extender la pandemia, quizá sin saberlo. Eso no quiere decir que no trabaje ni que no disfrute con mi trabajo. Lo hago, pero hasta donde llega y eso no son 24 horas al día, ni 16, ni fines de semana, ni estar constantemente pendiente de que en algún momento pueda llegar un email que haya que contestar. NO. Me planto. Yo trabajo mis horas y me lo tomo con pasión, pero ni estoy dispuesta a que las gilipolleces de terceros me afecten en mi horario de trabajo (y como en casi todos los sitios, tengo que ver y oír demasiadas gilipolleces) ni menos aún me las llevo a mi casa. Y así, estoy mucho más contenta, sabiendo qué soy, por qué y asumiendo la situación.

Durante el verano hice mi propio autocoaching personal. Me fijé como objetivo organizar más mi vida: fijarme horarios y calendarios. Lo hablé con mi marido y hemos llegado a un acuerdo. En ese acuerdo hay días libres para cada uno de nosotros. Nada de estar toda la tarde en casa los dos con la niña, o en el parque, o perdiendo el tiempo… Un día tú y otro yo. Y el día que no te toca tienes la tarde libre, puedes quedarte durmiendo en el sofá, leyendo, quedar con amigos, ir a dar una vuelta, apuntarte a alguna actividad… Y soy mucho más feliz. Aprovecho en mis tardes con Henar para intentar hacer cosas diferentes. Estas dos semanas de atrás hemos ido al cine a ver La abeja Maya, hemos ido a conocer en persona a Peppa Pigy nos hemos hecho fotos con ella, hemos ido a un espectáculo de Ópera para niños… Y las dos disfrutamos y además nos alejamos un poquito del parque y de la tele. Que ya vendrá el invierno y tendremos que tirar más de esas dos cosas. Ahora tengo más tiempo libre porque nos hemos organizado mejor. Ya no voy tan corriendo a todos los lados, no tengo esa sensación constante de pollo sin cabeza y además he podido organizarme mejor a nivel interior. Y creo que mi marido también.


Y en esa organización personal, también hay cambios, aunque quizá os los cuente con más profundidad en mi próximo viernes vital. Procuro tener horarios coherentes de comida, decantarme por comida más sana (más verduras, más ensaladas) y además me he puesto a hacer ejercicio físico. Me he apuntado a aerobic dos días a la semana y, sorprendentemente, me gusta y mucho. Es cierto que después de cada clase descubro agujetas nuevas. Pero ya era hora de ponerme las pilas, de hacer más ejercicio, comer mejor y espero que también adelgazar.

En casa, por último, intento ser más ordenada. No dejar las cosas tiradas en cualquier rincón, organizar la ropa que voy a llevar cada semana, cerrar cajones, no dejar cosas tiradas… El finde pasado hice una auténtica revolución de cajones, tiré muchísimas prendas, decidí que quizá otras las pueda customizar y, aunque me he quedado con un gran cajón de “por si acasos”, me he dado cuenta que ahora en entretiempo soy capaz de ir vestida cada día con el contenido de un cajón. Con tres o cuatro pantalones, una falda, un par de camisas, dos o tres chaquetas, dos pares de sandalias y unas cuantas camisetas saco más de diez modelos, lo que me da para trabajar dos semanas seguidas. No necesito más. Creo que, aunque no haya contado las prendas, estoy cumpliendo el Proyecto 333 de Vale de Oro, aunque sólo sea durante este mes.


La organización me está llevando a estar mucho más feliz conmigo misma. Quizá sea hora de que tú también organices tu vida y tus calendarios. Pero eso sí, deja espacio también para que la magia de la vida te sorprenda. 


Nota: La imagen es de uno de los maravillosos organizadores semanales de Mr. Wonderful :)

Comentarios

Esther C. ha dicho que…
Para mí el orden en casa es muy necesario, me ayuda a no tener estrés, empecé septiembre con todo muy ordenadito, aunque ya vuelvo a tener muchas cosas patas arribas, toca ordenar de nuevo (aunque menos), lo que si planifico bien suelen ser las comidas, cocino y guardo para la semana, porque alimentarme bien es fundamental. Conozco el proyecto 333 (me lo comentabas en una entrada mía), pero no sé si sería capaz de ponerlo en marcha. Besos y buen finde.

Entradas populares