UN DÍA EN LAS CARRERAS: EL HIPÓDROMO DE LA ZARZUELA

Hace un par de fines de semana nos planteamos un día en las carreras y os adelanto que fue de lo más divertido. Hacia muchos, muchísimos años (nueve o diez cálculo) que no iba al hipódromo. Y a pesar de tenerlo cerca, apenas 10 minutos en coche desde nuestra casa, nunca había sentido ganas de volver. No por nada en especial a decir verdad, de hecho aunque tengo borrosos los recuerdos de aquella mañana de otoño, guardó un recuerdo positivo, pero nunca nos había dado por volver.

Pero mi amiga Mar fue la responsable de que volviésemos al hipódromo. En los correos que nos solemos intercambiar de manera semanal al menos, casi todo con temática familiar y planes para nuestras niñas, me insistió muchísimo en que fuese con Henar al hipódromo. Ella había ido con su hija el fin de semana anterior y la experiencia había sido fantástica. Además de las carreras de caballos como tal (obviamente plato fuerte de este lugar), el Hipódromo de la Zarzuela ha experimentado una profunda transformación. Dispone de una amplia y atractiva oferta de restauración (con varios bares, restaurantes, lounges etc.), de una zona de niños ideal para familias con niños pequeños e incluso han abaratado los precios de las entradas. Por todas estas razones, el Hipódromo se convertía en una excelente opción para pasar una agradable tarde de domingo y así lo hicimos, le hice caso a la recomendación de mi amiga Mar y nos lo pasamos francamente bien.



UN DÍA EN LAS CARRERAS.

Parafraseando a los inimitables Hermanos Marx, pasamos un día, o más bien una tarde, en las carreras. Para mi hija (que aún no ha cumplido los tres años), solamente el hecho de ir a ver caballos era ya toda una experiencia y una novedad. Mucho más aún si podía ir a ver a los caballos y los jinetes primero a su paso por el paddock y después ver desde la grada la emocionante carrera de esos mismos caballos que había visto unos minutos antes.

Entre medias, su padre se había encargado de pasar por taquilla y apostar. Teniendo en cuenta que las apuestas van desde 1 euro, resulta divertido apostar a las carreras. Si pierdes, tampoco es tanto. Y si ganas, pues eso que te llevas, ¿no? Papá apostaba y mamá elegía los caballos. ¿Y cómo los elegía? Pues de la manera más absurda pero también más emotiva del mundo. Mamá veía pasar los caballos en el paddock y aquel o aquellos caballos que la miraban y que a ella le gustaban (lo de la mirada es básico, si no te miran, no vale), era por los que apostaba. Sí, ya sé que la estrategia hace aguas pero muchas veces, además de palmarés del caballo en cuestión está el puro azar de la tarde. Os diré que utilicé esta sesuda estrategia en tres ocasiones y que la primera vez me fue fatal. No di ni una, de hecho mis dos opciones acabaron último y penúltimo. Pero persistí, y en las otras dos ocasiones gané. Suerte del principiante quizá, pero con lo divertido que es…

Después de un par de carreras iniciales, me fui con Henar a la zona de niños y dejé de apostar. Pero su padre continuó haciéndolo. No sé muy bien en qué consistió exactamente su estrategia, pero entre sus apuestas, las mías (yo volví de la zona infantil a tiempo para la última carrera) y demás, el saldo fue positivo: unos 7 euros de ganancia. Vale que nos gastamos más en las entradas (a 5 euros cada uno de los adultos, la niña gratis) y consumiciones (bebidas no alcohólicas para ser más exactos), pero pasamos una tarde estupenda habiéndonos gastado poquito dinero. Y la princesa de la casa además recibió las ganancias de las apuestas, que acabaron en su hucha, así que todos contentos.


EL HIPÓDROMO DE LA ZARZUELA.

Mi anterior visita al Hipódromo había sido en el otoño del 2005, precisamente con motivo de la reinauguración que había tenido, tras más de nueve años sin carreras. Pero el hipódromo lleva más de 70 años construido, en concreto se inauguró en 1941 y sus gradas fueron declaradas como Monumento Histórico Artístico en el año 1980.

Se encuentra en la A-6, a unos 7 kilómetros de la entrada de Moncloa, en las inmediaciones de la denominada Cuesta de las perdices y colindante con el Monte del Pardo. De hecho, las vistas desde la propia pista de carreras son estupendas, con los encinares del Monte del Pardo y al fondo las 4 Torres.

Me sorprendió mucho el estado actual del Hipódromo. Es cierto que mis recuerdos, después de alrededor de nueve años, no eran de lo más nítidos. Pero me sorprendió el lavado de cara que le han hecho, especialmente la proliferación de bares y restaurantes en el interior del complejo y también que algunos bares-lounge eran de lo más chic y a precios muy competitivos.

En este sentido, creo que la crisis ha tenido mucho que ver. Hace apenas 3 ó 4 años el precio de las entradas era sensiblemente superior (alrededor de 8 ó 9 euros), pero ahora han bajado el precio a 5 euros, lo que las hace mucho más asequibles al público en general. Y esa bajada de precio entiendo que también la han aplicado a las consumiciones. Yo me pedí una coca-cola y me cobraron 2,50 euros, un precio de cualquier bar de barrio en Madrid. Supongo que así, al igual que las apuestas a partir de un euro, animan a la gente a consumir.


Además, disponen de una zona de niños muy bien enfocada, que es la razón principal por la que nosotros fuimos a pasar la tarde y que creo que se merece un capítulo especial.

Por último deciros que para llegar hasta el Hipódromo, lo más fácil es hacerlo en coche propio. Disponen de un aparcamiento enoooooooorme y la verdad es que nosotros no tuvimos ningún problema para aparcar ya que había muchos menos coches que plazas, aunque no sé si esto es lo habitual. Eso sí, fuimos en una tarde estupenda de octubre, con sol y un día fantástico para pasarlo en las carreras, así que supongo que la afluencia de público media no es muy superior. También existe la posibilidad de ir en autobús desde Moncloa. El propio hipódromo pone a disposición del público un autobús gratuito que te lleva desde Moncloa al Hipódromo los días de carrera justo antes de que éstas comiencen y que luego hace el trayecto a la inversa tras la finalización de las carreras.

La temporada de carreras comienza en febrero y se alarga hasta noviembre, por lo que aún estáis a tiempo de disfrutar del hipódromo durante las próximas semanas (lo cerrarán a partir del 30 de noviembre). Me han contado que las noches de verano en el hipódromo están muy bien, habrá que tenerlas en cuenta ya de cara al año que viene.


ZONA INFANTIL: DIVERSIÓN ASEGURADA.

La razón para ir al Hipódromo de la Zarzuela fue precisamente que Henar pudiese disfrutar de la zona de niños, de la que mi amiga Mar me habló con tanta pasión. La verdad es que creo que lo han montado bien. Tienen una zona muy amplia de jardines donde han instalado tres castillos hinchables, a los que se puede acceder por diferentes tramos de edad. De esa manera, en el de los niños pequeños podemos intentar evitar las avalanchas que se producen en el castillo de los niños más grandes.

A este respecto, con Henar tuve algunos problemas de concepto. Muy bien el castillo pequeño, pero en cuanto vio el grande de Bob Esponja se fue derechita a él. Más aún si tenemos en cuenta que en las fiestas del pueblo de mis abuelos este verano había uno exactamente igual, al que la pusieron turno de niños pequeños y turno de niños más grandes y que ella recordaba perfectamente  haber saltado sobre él con todas las ganas. Por ello, lo de intentar retenerla y que no se subiese al de Bob Esponja nos llevó un berrinche y además fue en vano. He de decir que hice de malamadre y le mentí al chico que controlaba el castillo de Bob Esponja, asegurándole que la niña tenía un año más del que tiene en realidad (cosas de ser alta) y claro, coló. Estuvo un rato, casi se le cae un niño encima, cogió susto… y nos fuimos. Pero sí, sé que asumí un riesgo.

Además de los propios castillos, también disponen, justo al lado, de una zona en la que suben a los peques a dar una vuelta en pony (para los más peques) y una vuelta en caballo (para los peques un poco más mayores). Confieso que la vuelta en pony fue lo que más me atrajo de todo lo que me contó mi amiga Mar y que estaba convencida de que Henar, como hija mía que es y gran amante de los animales, no le iba a tener miedo, se iba a subir al pony y lo difrutaría. Y así lo hizo, esta chica ha salido a la loca animalista de su madre. Fue toda una experiencia, no tuvimos que hacer demasiada cola y estuvo fenomenal el paseíto de unos tres minutos, con gorro de jockey incluido (eso sí, demasiado grande) en pony.





COMUNICACIÓN DEL HIPÓDROMO: MUCHO POR MEJORAR.

Me encantó la experiencia en el hipódromo, pero he de reconocer que a nivel de comunicación creo que tienen mucho por mejorar. En la web no hay información sobre la zona de niños y falta mucha información sobre dudas (faqs o preguntas frecuentes) que se le pueden ocurrir a alguien que visita el hipódromo por primera vez, tales como horario del hipódromo como tal, horario de los restaurantes, zona de niños y dudas diversas.

La cosa se agrava por el hecho de que cuando te planteas ir al hipódromo es el día de la carrera. Lo único que encuentras es un teléfono de contacto y, cuando llamas, te salta el contestador diciendo que atienden de lunes a viernes en horario de oficina. Muy bien, pero a las carreras se van los fines de semana y festivos, así que dicho teléfono y nada me temo que es lo mismo.

Una de las razones para escribir todo esto estriba precisamente en que si alguien busca información sobre lo que se va a encontrar allí, quizá mi experiencia les sirva de algo y puedan encontrarla en internet. Yo tenía la información de mi amiga Mar, gracias a ella, porque si tuviese que encontrar información no podría. De hecho, tuve que llamarla para preguntarle a qué hora son los paseos en pony (que son a la misma hora que las carreras) y si podía ir a comer antes de la carrera (como de hecho se puede hacer). De no haber tenido sus respuestas y su emoción hablando de su experiencia en el hipódromo, muy probablemente no hubiésemos ido.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.

Obviando sus problemas de comunicación, creo que a toda la familia nos encantó ir al hipódromo. Fue una experiencia súper divertida en la que todos no lo pasamos bien, cada cual a su estilo. A mi marido le encantó el rollo apuestas y encima le salió bien (tendré que controlarlo, tengo un ludópata caballil en potencia… juas juas…); a mi hija le encantó el paseo en pony y los castillos hinchables; y a mí me encantó prácticamente todo, me pareció un plan familiar muy divertido, que está bien hacerlo de vez en cuando.

Así que ya sabéis, si os apetece probar, aún hay carreras hasta el último fin de semana de noviembre. Y la nueva temporada, comenzará en febrero. Yo me quedo pendiente de intentar ir a una fiesta nocturna en verano, que me apetece mucho. Y seguro que la próxima primavera a mi hija Henar no le importará volver a repetir el plan de una tarde en las carreras.

Comentarios

Nunca he estado en el hipódromo
ITACA ha dicho que…
Pues es toda una experiencia @Pedro, quizá deberías probarlo :)

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