VIERNES VITALES 25: QUE EL RELOJ NO TE QUITE TU TIEMPO

Estas semanas están siendo muy intensas, demasiado intensas... Tengo mucho trabajo (algo habitual en la España de hoy) pero además se me han juntado varias cosas con la misma fecha de éstas que hay que sacar sí o sí... y no hay tiempo para todo. Básicamente eso se traduce en que hago más horas de las que se incluyen en mi horario y que estoy muy cansada. Obviamente repercute en mi vida privada, ya que tengo mucho menos tiempo para mí, he estado menos tiempo con mi hija, me he quedado dormida todas las noches en cuanto he cogido la cama y un largo etcétera de cosas. 

Sin embargo, el gran evento que tuvimos ayer y que organicé durante las dos pasadas semanas salió bien y sobre todo, ya se terminó. Después de robarme a mí misma tiempo personal y por ende robárselo también a mi familia, decidí que hoy llevaba yo a Henar a la guarde y que llegaría un poco más tarde a trabajar. Aún así, mis tiempos de trabajo siguen siendo sensiblemente superiores a los que marca el horario. 

Pero llevar a mi hija a la guarde, incluso con la previsión de llegar 15 minutos tarde a trabajar, se convirtió en otra carrera más. De repente me vi, diez minutos después de la hora, arrastrando a mi hija hasta el coche, con demasiada urgencia y diciendo ¡date prisa, que no llegamos! Antes, al salir de casa, había elevado la voz (sin llegar a gritar, pero casi), diciéndole que fuese más rápida, que mamá no iba a llegar a trabajar. Mi pobre hija de menos de tres años (los cumple en febrero), bajaba rampa del garaje abajo, agarrada a mi mano y casi arrastrada. 

Y en ese momento, recibí un fogonazo, una auténtica iluminación vital. Pensé que llevaba a mi hija corriendo, metiéndole un estrés innecesario en su pequeño cuerpecito de niña muy pequeña, hablándole mal, urgiéndole a ir más deprisa. Y en realidad, ¿para qué? ¿realmente era necesario correr tanto para llegar... 5 minutos antes? ¿qué pasaría si llegaba media hora tarde, teniendo en cuenta que también saldré tarde y que el miércoles seguía en la oficina a las 8 de la tarde cuando mi hora de salida eran casi cinco horas antes? El miércoles había que hacerlo porque mi responsabilidad me lo dictaba y realmente se necesitaba, el evento de presentación era el jueves. Pero hoy, viernes, ¿era necesario empujar a mi hija y arrastrarla? No, ¡rotundamente no!.


En ese momento, paré, rebajé la velocidad y me puse a cantar. En seguida Henar se puso a cantar y pegar saltitos conmigo y las dos bajamos la rampa hacia el garaje mucho más contentas. Probablemente tardé dos minutos más en bajar y meternos en el coche. Probablemente también tardé otros tres minutos más en despedirme con calma en la guardería... El resultado fue que llegué 20 minutos tarde a trabajar, que en realidad no son llegar tarde: primero, porque tengo horario flexible; segundo, porque igual que entré 20 minutos tarde salí media hora más tarde; y tercero, porque hoy nadie me esperaba a primera hora ni era necesario correr. 

¿Por qué entonces vamos tan rápido por la vida? Vamos corriendo, con el reloj dictador en nuestra cabeza, siempre intentando llegar y sin llegar, siempre como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. No sé cuántos días en mi vida tendré el placer, sí, placer, de llevar a mi hija a la guarde, de despedirme de ella, de abrazarla... Pero ¿voy a perder la magia de esos momentos y de esos placeres por llegar 5 minutos antes? No, rotundamente no. 

Y ese no, si lo pensamos bien, esto lo podemos aplicar a muchas ocasiones en nuestra vida. ¿Qué pasa si estás cinco minutos más con esa amiga a quien hace tanto tiempo que no ves? ¿o si te regalas 10 minutos para pensar? ¿y si no corres y coges el siguiente autobús? Lo que pasa corriendo y pierdes no es el autobús, sino tu vida. Piénsalo. 

NOTA: La imagen corresponde a la película de Walt Disney "Alicia en el País de las Maravillas". 

Comentarios

Margari ha dicho que…
Cuánta razón tienes! Cuántas cosas nos quedamos sin disfrutar por ir siempre con prisas...
Besotes!!!
Teresa ha dicho que…
¡Cuánta razón! Vamos siempre acelerados, y no disfrutamos de las cosas sencillas.

Te dejo el enlace de una entrada que me ha recordado mucho a lo que cuentas, y cómo los que no van con prisas, disfrutan más de las cosas pequeñas:

http://www.huffingtonpost.es/rachel-macy-stafford/el-dia-en-que-deje-de-decir-date-prisa_b_3747873.html

Un beso!
ITACA ha dicho que…
Gracias chicas. @Teresa, he leído tu enlace y recuerdo haberlo leído hace unos meses, igual el "fogonazo" que recibí el viernes pasado sobre las prisas estaba inspirado en esta lectura, ¿quién sabe? :)

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