EL ÚLTIMO DÍA DE GUARDE: EL FIN DE UNA ETAPA

El otro día leí sobre la importancia de dejar reflejados por escrito nuestros sentimientos en momentos o pequeños hitos de la vida. Muchas veces no lo hacemos y tiempo después se difuminan en nuestra memoria. Una pena, porque de hacerlo podremos releerlos y de algún modo revivirlos. Tengo muy abandonado este cuaderno de bitácora y, siendo sincera, aún no he decidido qué quiero hacer con él ni cómo. Supongo que será una de las cosas que deberé consultar con la almohada en el parón estival o quizá con la vuelta a la rutina. Pero lo que no quiero dejar pasar es el último día de la guarde, o del cole de pequeños, de mi princesa. 

Hoy he dejado a Henar por última vez en su guarde, en su pequeño cole en el que ha compartido toda una vida (la pobre entró allí con 4 meses y ya han pasado más de tres años). A estas alturas del curso, como es normal, ya está muy cansada; yo también lo estoy, así que no me voy a asombrar de que ella lo esté. Pero me da mucha pena, aunque ella, con su santa inconsciencia, no sabe que empezar las vacaciones (para lo que tiene muchas ganas) y abandonar la guarde supone cerrar una etapa y que ese espacio que ha sido en parte su casa durante todo este tiempo, lo perderá para siempre... Bendita inocencia, ¡quién la tuviese a estas alturas de la vida! 


La dejé hace algo más de tres años y confieso que aquel primer día me fui llorando. Era demasiado pequeña, lo pensaba entonces y ahora aún lo pienso más. Si fuese hoy, no actuaría así, me cogería una excedencia de dos o tres meses y la hubiese llevado después del verano. Aquel día no dijo ni mu, estuvo todo el día observando, pero no lloró y no parecía que se lo hubiese pasado mal. De hecho, en seguida se encariñó con su profe, Menchu, que era un amor. Y poco a poco empezó a cogerle gusto a la guarde y a ir con muchas ganas y alegría. La verdad es que no puedo quejarme, creo que sólo habrán sido dos o tres días los que se quedó llorando y el resto siempre se quedó muy contenta. 


Y en estos tres años ha sido alucinante lo que ha crecido... lo que ha aprendido... casi está convertida en una señorita. Allí aprendió a hablar, a conocer los colores, las formas, los animales, los números... incluso ya conoce muchas letras. Empezó a nadar en la pisci con sus compañeros, descubrió la música como una de sus grandes pasiones y disfrutó mucho con el inglés. Ha aprendido a pintar, a soñar, a jugar... a compartir con sus amigos, a comer, a quitarse el pañal y controlar esfínteres... Vamos, que no puedo estar más orgullosa de ella y de todo lo que ha evolucionado desde aquel bebé pequeñito al que dejé un día hasta la pequeña señorita que es hoy. 


Sé que va a echar de menos a sus profes, a Lidia, Elena, Menchu, Sara, Sonia, Begoña, Merry... y por supuesto a Patri, su preferida. Tendremos que hacer alguna visita que otra pero después de que estemos adaptados al cole de mayores, que es nuestra siguiente etapa que exploraremos y seguro que superamos con nota a partir de septiembre. Su papá y yo no podemos estar más agradecidos a Tábata Escuela Infantil por estos años, por todo lo que han hecho con Henar y sobre todo por el cariño e infinito amor con el que siempre la han tratado. Qué pena me da escribir este post... Pero la vida sigue y hay que continuar el camino, aunque sea con pena. Muchas gracias chicas y un abrazo muy fuerte, no os olvidaremos. 
 

Comentarios

Bego ha dicho que…
Ahora una nueva etapa, seguro que estará contenta también. Ya nos contarás.
un beso
Teresa ha dicho que…
Da mucha pena cuando cierras una etapa tan buena y gratificante, pero en septiembre empieza otra que será igual de importante.
Un beso, y feliz verano!

PD. Tenemos un café pendiente.

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