A PUERTA CERRADA, LA PENSIÓN DE LAS PULGAS.

Los miércoles de diciembre (y aún quedan tres) se representa en La Pensión de las Pulgas una obra muy especial, un texto del existencialista Jean Paul Sartre, dirigida por Ernesto Arias y que sin duda no dejará indiferente a nadie.

Fui a verla el miércoles pasado, además me sirvió para conocer in situ La Pensión de las Pulgas, de los mismos creadores que la desgraciadamente desaparecida Casa de la Portera y con un formato muy similar. Cada vez proliferan más salas alternativas, diferentes del concepto de teatro al que estamos acostumbrados, donde las representaciones cobran un halo especial. En el caso que nos ocupa, sin duda el lugar donde se representa le añade un toque especial al texto, que ha sido traducido por Alfonso Sastre y sin duda adaptado precisamente a la sala donde se representa (una de las protagonistas incluso habla del papel de las paredes). La Pensión de las Pulgas es una antigua casa, con varias estancias, situada en el número 48 de la calle Huertas. Merece la pena que vayáis a verla y disfrutar de la experiencia.

Pero volvamos a la obra que fuimos a ver el pasado miércoles. A puerta cerrada, de Jean Paul Sartre es un texto demoledor, que toca directamente el punto más íntimo de cada uno, nuestros pecados más inconfesables. La verdad es que hace mucho tiempo que no leo a los existencialistas, tuve un tiempo en la Universidad en que me dio fuertemente por esta corriente, leí a Sartre (aunque no esta obra) y sobre todo leí mucho a Albert Camus. Sin embargo, ese tiempo creo que ha pasado para mí, me he vuelto mucho más mundana y menos existencial, lo que no estoy muy segura si es bueno o malo. En cualquier caso, me gustó muchísimo el texto de esta obra y su clara moraleja: nosotros somos nuestro principal obstáculo, o lo que es lo mismo: uno mismo y los seres humanos que nos rodean somos nuestro mayor infierno.

Como os comentaba antes, este montaje está dirigido por Ernesto Arias, a quien me gusta seguirle la pista en casi todos sus trabajos. La ponen en escena cuatro actores jóvenes, sin duda con muchas ganas, aunque me falta elenco. Me explico (o al menos lo intento): a nivel individual podríamos analizar sus interpretaciones y, con sus más y sus menos, todos ellos aprobarían. Sin embargo, en conjunto creo que no se entienden. Cada uno cuenta su historia e interpreta su papel, pero el conjunto coral entre todos creo que falla. Desconozco sus carreras previas, pero está claro que llevar a cabo este montaje es asumir un gran riesgo, porque no es precisamente un texto fácil de representar. Y el mundo sin duda es de los valientes, por lo que les alabo su valentía (no sólo por el texto, sino por el lugar de representación, con decenas de ojos mirando alrededor fijamente) y espero que tomen mis palabras no como un castigo sino como unas palabras de amiga, si me lo permiten.



Los tres protagonistas, Garcín, Inés y Estelle, entran en una habitación para recibir una tortura. Les acompaña un mayordomo, que se va y cierra la puerta con llave tras de sí. Mientras, los tres protagonistas se miran y se reflejan en las miradas de los otros, sus juicios, sus valores… pero la tortura que están esperando parece que no llega. Sin embargo, a través de un texto desgarrador se van dando cuenta de que la verdadera tortura se encuentra en la mirada del otro. Recordando a Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Para uno mismo y para los demás. Al principio creen que se encuentran allí por error, que ellos no han hecho nada, pero poco a poco irán brotando sus secretos más inconfesables.

El mayordomo tiene un papel muy corto y con poca interrelación con los demás. Sin duda el más fácil de todos, pero David López lo resuelve fantásticamente bien. A destacar ese toque de ironía sin perder la compostura ni la corrección. Me gustó.

En cuanto a los tres protagonistas, Garcín está interpretado por Casimiro Aguza, a Inés le da vida Sonia de la Antonia y finalmente Elena González-Vallinas se mete en la piel de Estelle. Son tres personajes bien diferentes y con mucha complejidad, lo que decía antes, unos valientes enfrentándose a  ellos. Elena González-Vallinas es sin duda la que más me gustó de los tres. Sonia de la Antonia lo hace bien pero con muchos altibajos, y, para mi gusto, Casimiro Aguza vive el papel demasiado al límite, resultando difícilmente creíble.

Son personalidades muy complejas las que se encuentran tras Garcín, Inés y Estelle, que además van cambiando conforme avanza el texto y se tienen que enfrentar a sus mayores demonios, a ellos mismos. Creo que los tres actores le ponen pasión (quizá en determinados momentos demasiada), pero les haría dos recomendaciones:

La primera es clara:  que se reflejen de verdad en los ojos de sus compañeros. Da igual lo bien que lo hagan o no si no hay verdadera interacción entre ellos. El espectador se lo cree cuando ellos se lo creen. No me creo que a Inés se sienta atraída por Estelle, lo dice el texto, pero allí no sucede. Es una obra con mucho sentimiento transversal, con motivos ocultos e inconfesables, no todos ellos bonitos, pero que no tiene sentido sin el de al lado.

La segunda es que no vayan de 0 a 100 sin frío ni calor. Y a esto me refiero en que cuando se desesperan lo hacen demasiado deprisa, pisando el acelerador, pasan de estar bien a gritar de desesperación, sin que entre medias se respire el crescendo tan necesario. Y lo mismo, salen de la desesperación sin más.

Me gustó mucho el recurso de la luz cuando cada uno se confiesa a sí mismo y confiesa sus pecados más inconfesables. Una pena que al estar esa luz debajo de los asientos de los espectadores, muchas veces el que la tapa con sus piernas no se entera y se pierde el efecto.

Y a Ernesto, si me lo permite, le diría que cuando Inés se confiesa, que Estelle no llore, con todos mis respetos, mejor sin ello.


Pero la obra me gustó. Me dio para pensar (que es lo que yo siempre busco en el teatro), también para autoconfesarme mis pecados más inconfesables. Los actores que la interpretan le ponen mucha pasión y valentía, y eso siempre es positivo. El resultado es bueno. Y la mano de Ernesto Arias se nota. Merece la pena ir a verla.

Hoy 16 y próximos miércoles 23 y 30 a las 22 horas en la Pensión de las Pulgas. Reserva previa por teléfono en el 638752812.


¡Gracias! 

NOTA FINAL: La foto es la oficial, si es necesario que la quite, previo email lo haré a la menor brevedad. 

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