LA MAGIA DEL ORDEN, MARIE KONDO: EL MÉTODO KONMARI

Al fin he hecho caso a mi amiga Esther y he leído La magia del orden, de Marie Kondo, un libro que además de ser un best-seller mundial tiene mucho que aportarnos sobre el orden, la simplicidad y la eficiencia en nuestro entorno, y por ende en nuestra vida. Soy un desastre con patas, mira que en los últimos tiempos he intentado volver más ordenada, pero estoy lejos de conseguirlo, así que lecturas como ésta me resultan muy inspiradoras, especialmente por el hecho de que, de un tiempo a esta parte, tengo la certeza (ha dejado hace tiempo de ser sensación) de que vivo con demasiadas cosas (y la gran mayoría del tiempo están desordenadas).

Marie Kondo nos cuenta en este libro que cuando consigues tener tu casa realmente ordenada, sientes cómo se ilumina tu mundo. No estoy segura de si esa magia cuasi-onírica existe, porque entre otras cosas aún no he conseguido tener mi casa ordenada, pero sí creo que muchas de las cosas que se dicen en este libro (ojo, no todas, porque algunas se las traen y además no las comparto) pueden ayudarnos mucho a vivir mejor.  Tiene gran parte de razón cuando dice que si ordenas tus cosas estás ordenando tu propia vida y tu pasado, de manera que puedes entender con claridad qué necesitas y qué no.

La autora de este libro lleva años desarrollando un trabajo que consiste en ayudar a la gente a ordenar sus casas, y por ende su vida. Una filosofía muy zen y muy japonesa que quizá nos viniese bien por estos lares. En cualquier caso, me han gustado muchas de las cosas que cuenta en su libro y por eso me animo a compartirlas aquí con un pequeño resumen.


Paso 1: Desecha

Uno de los grandes errores cuando nos ponemos a organizar u ordenar nuestras pertenencias es que sólo pensamos en cómo colocarlos o ubicarlos mejor, para que quepan más o que tengan mejor presencia. Pero sin duda lo primero que debemos pensar es si realmente necesitamos todo lo que tenemos (yo estoy segura de que no, por lo menos en mi caso). Y una vez que hayamos contestado a esa pregunta eliminar todas aquellas cosas que no tienen cabida en nuestra vida. En esta primera etapa, Marie Kondo nos dice que sus clientes llegan a deshacerse de 45/50 bolsas grandes de basura, lo que conlleva cientos de kilos y a veces miles de cosas. Es alucinante todo lo que acumulamos.


Paso 2: ¿Te hace feliz?

La siguiente pregunta que debemos hacernos a la hora de deshacernos de todo lo que nos sobra es coger una por una cada una de nuestras pertenencias y preguntarnos si realmente esa “cosa” en concreto nos hace feliz. Si no te produce alegría, no debe estar en tu vida.

Ojo, seamos razonables, a mí no me producen ninguna alegría las sartenes de mi cocina, pero obviamente tienen un sentido práctico. Ante ello, puedo desecharlas y comprarme otras que me gusten más (aunque esto vaya en contra de todas las teorías sobre el minimalismo y el consumo responsable, reconozco que hace años tuve unas sartenes de color morado que me enamoraban), o al menos revisar si todas las sartenes que tengo en mi casa realmente me sirven y las uso. He puesto el ejemplo de las sartenes, cuando en realidad no me he puesto a revisarlas y además la cocina es un territorio compartido con mi marido, que no estaría de acuerdo en quedarnos con dos sartenes, dicho sea de paso. Pero a buen entendedor… muchas veces tenemos cinco sartenes, o cinco cosas de cualquier otra índole, parecidas o que no usamos. Es el momento de verles la utilidad y no quizá en el tema sartenes, pero sí con la ropa, los objetos personales, los libros etc., descubrir si realmente ese objeto te hace feliz. Porque nadie necesita tener miles de libros en casa (creedme, la biblioteca de casa de mis padres tenía fácilmente cuatro mil volúmenes, y yo crecí allí), pero quizá algunas cosas que no uses y que en realidad no sean útiles te hagan felices. Y esas cosas se quedan.


Paso 3: Ordena por categorías

Cuando leí esto me pareció un buen consejo. Te pones a desechar, ordenar, organizar… ¿por dónde empiezo? Pues bien, las categorías que la autora nos recomienda van por este orden: empieza por la ropa, continúa con los libros, los papeles, objetos varios y termina con las cosas que tienen un valor sentimental o especial para ti. Se supone que este orden te lleva a desechar y ordenar primero las cosas más sencillas y luego las que te resultan más difíciles de eliminar, de manera que cuando llegues a ellas, las verás de otra manera y estarás mucho más preparado para ordenarlas y desechar parte de ellas.

En el tema de la ropa, he de decir que yo creía que era una persona con poca ropa, nunca he tenido los cinco armarios llenos que tienen otras personas, y en mi casa jamás se ha hecho eso del cambio de temporada, toda mi ropa cabe en mis armarios y mi cómoda. Pero aunque el año pasado vendí por aplicaciones de segunda mano parte de mi ropa, también es cierto que compré muchas otras cosas. Y aunque mi ropa está bastante ordenada (sobre todo teniendo en cuenta cómo estaba hace un tiempo), en realidad me he dado cuenta de que tengo muchas cosas que no uso, que tengo para por si acaso, que ya no me gusta, o no me queda bien, o sigue por ahí…

En el tema libros, hace años era incapaz de deshacerme de ninguno de ellos. Creo que también he evolucionado mucho en este aspecto, comenzando por el hecho de que hace tiempo que me pasé al libro electrónico. Sigo estando enganchada al olor de las páginas de un libro nuevo y por supuesto que me encanta tenerlos, pero Marie Kondo tiene razón en que tener libros durante años cogiendo polvo en una estantería no produce ninguna felicidad. Y si revisas tus estanterías, hay decenas de libros que no te dicen nada, que leíste y no te gustaron, o dejaste a medias, o nunca llegaste a leer. Todos esos: fuera.

De la parte de los papeles, ya ni hablamos… He siete u ocho bolsas con cosas increíbles, sobre todo porque no puedo entender por qué los he mantenido durante años. Y en cuanto a los objetos personales, hay de todo. Muchos de ellos, si aplicas la regla de la utilidad, el uso real y la felicidad, se van fuera. Pero otros de ellos, por la felicidad se quedan.


Consejo 1: Hazlo todo de una vez

Seamos sinceros, no dudo que si esta chica asiste a gente en sus casas, se pongan a desechar cientos o miles de cosas en unas horas y lo consigan. Pero en una vida normal, con hija, y sin poder dedicarte por entero a ello, es francamente imposible. Tampoco dudo que poniéndote a fondo con ello conseguirás muchos más resultados, pero en mi caso, voy por tandas. Probablemente ni sea tan eficiente ni logre cambiarme (la plasticidad del cerebro), pero lo hago lo mejor que puedo o que las circunstancias me dejan. Eso sí, en estas últimas semanas me siento muy orgullosa por haber ordenado unos cuantos armarios, muchos cajones y algún que otro rincón de mi casa. Me queda muchísimo por hacer, mucho más de lo que he hecho hasta ahora, pero al menos en mi caso no queda otra que el piano piano. Marie Kondo sostiene  que si haces un poco cada día nunca acabarás, esperemos que no tenga razón.


Consejo 2:  No utilices productos de almacenaje

No sé si estoy muy de acuerdo con ello, Marie Kondo insiste en que utilicemos cajas de zapatos, pero qué queréis que os diga, las cajas de almacenaje de Ikea para cajones por ejemplo a mí me van fenomenal. Especialmente en los cajones de mi hija, que tiene mucha ropa pequeña y que me permiten ordenar muy bien. Creo que para productos pequeños son ideales y se adaptan exactamente a las dimensiones de los cajones (también de la tienda sueca obviamente).


Consejo 3: No dejes que te vea tu familia

Yo creo que con este consejo la autora se refiere sobre todo a adolescentes que pueden preocupar a sus padres. Con gente adulta que vive en su propia casa, no creo que esto tenga mucho sentido. Tú puedes sentirte libre de tirar lo que te dé la gana sin dar explicaciones a nadie siempre que sean tus cosas. El problema se plantea con las cosas que no son tuyas en exclusiva y con las cosas de los demás (sobre las que no debes tener poder de decisión).


Consejo 4: La ropa no sabe de temporadas

Este consejo también me lo tomo con pinzas porque comparto lo de no tener maletas de ropa que suben y bajan al trastero, o a los altillos, cada temporada. Yo tengo toda mi ropa siempre en mis cajones y armarios, todo el año. Y es cierto que en determinadas temporadas puedes ponerte alguna prenda que sea de otra temporada. Es decir, en invierno puedes utilizar una camiseta de manga corta de verano, pero no me veo poniéndome un abrigo en el calorcito de verano de Madrid a 40 grados a la sombra.


Consejo 5: Trata tus cosas como a personas

En parte me gusta esta filosofía de la autora, pero sin llevarla a los extremos que ella lo hace. Los calcetines, son calcetines, y tanto como tener que darles las gracias cuando te los quitas por las tardes y ordenarlos metódicamente, no haciendo pelotas con ellos, pues qué queréis que os diga, yo, como que no lo veo. Pero es cierto que dar las gracias genéricamente a tu casa, tus cosas, tu mundo al fin y al cabo, es algo que mejora la positividad.


Consejo 6: Coloca la ropa doblada en vertical en tus cajones

Sin duda, al menos para mí, éste es el gran descubrimiento de este libro. Si doblas bien tu ropa y la colocas en posición vertical en tus cajones (en lugar de en posición horizontal), te sorprenderás de la cantidad de ropa que cabe (mucho más que en la disposición tradicional) y además de que la puedes ver toda de un simple vistazo. Esto resulta alucinante y puedo asegurar que simplifica mucho las elecciones diarias. Entre semana, salvo que tenga algo especial, reconozco que yo me visto con sota, caballo y rey. Por ello, escoger un pantalón, una camiseta y un jersey, se hace mucho más sencillo. Ves toda tu ropa, te cabe mejor y además no se quedan prendas olvidadas abajo del todo en el cajón que ni recuerdas que tenías.

Mirad este vídeo y alucinad, os aseguro que funciona: 


La verdad es que este libro tiene muchos consejos y trucos interesantes para ordenar tu vida y simplificarla. Creo que hay que pasarlos por nuestro radar personal y escoger lo que nos pueda servir, plantearnos otras fórmulas y lo que nos encaje, desecharlo, no es norma de fé cualquier cosa que leemos. Pero es una lectura muy interesante. 


¿Y qué pasa cuando no puedo desechar algo?

Algo no es útil pero sin embargo le tienes cariño y quieres conservarlo. Reconozcámoslo, eso pasa, y mucho. A veces tienes cosas horrorosas pero que son un recuerdo familiar, o una regalo de un amigo, o te recuerdan a otra época de tu vida y te da pena tirarlo. El consejo que nos da Marie Kondo es simple y efectivo: Cuando te encuentres con algo de lo que no puedes desprenderte, piensa con cuidado sobre su verdadero propósito en tu vida. Yo añadiría que además debes hacer varios barridos por los mismos lares, y ahora lo explico. Es cierto que muchas veces coges un objeto del que no puedes desprenderte, te preguntas realmente cuál es su finalidad en tu vida y tú mismo decides desprenderte de él, y sí, funciona. Pero otras muchas veces la vena sentimental te hace dejarlo ahí. Cuando vuelves a pasar y te lo vuelves a preguntar, 1, 2, 5 veces… van cayendo y saliendo de tu vida. Aunque algunos se quedan para siempre.


¿Y si tiro algo que no debo?

Puede ser que te deshagas de algo que luego necesites. La probabilidad de que sea irreparable la pérdida es prácticamente de 1 entre 1 millón, y si la vida está llena de riesgos cada día, tirar algo que más adelante necesites no es uno de los peores, ni mucho menos. Si tiras un papel que realmente necesites, normalmente podrás pedir una copia; si tiras un jersey azul y dentro de tres años resulta que te vendría bien, no suele ser difícil comprar otro. Si lo piensas detenidamente, la mayoría de las cosas ni las recuerdas después de deshacerte de ellas y la mayoría de las pocas que recuerdas eran prescindibles.


Y para todo lo demás, la segunda mano


Esto no viene en el libro, es cosecha propia de la que escribe este testamento en forma de post. Lo cierto es que a mí al menos me sirve. Hay cosas de las que no me desprendería sin más, pero si en lugar de ir a la basura van a parar a manos de alguien que las quiera, las utilice y además me saco algo de dinero por ellas, me parece perfecto. No todo se vende pero hay muchas cosas que sí se venden y que otras personas quieren y tú no quieres para nada más que para llenar tu vida de trastos. Darles una segunda vida además también es bonito. Soy vendedora y compradora habitual de segunda mano. 

Comentarios

Margari ha dicho que…
Lo de tirar cosas es algo que siempre me sorprende. Puedo hacer limpieza dos veces al año y nunca sé de dónde salen tantos papeles y tanto tiesto que tiro. Creo que se reproducen solos!
Lo de los libros es lo que más me cuesta. Puedo desprenderme de aquellos que no me han llenado. Pero si no los he leído, sé que en algún momento los leeré.
Y yo estoy contigo. Los productos de almacenaje me parecen muy útiles. Y lo de tratar a las cosas como personas... Las cosas, cosas son.
Lo que he flipado es con la organización en vertical. Esto sí que lo haría sin que me viera mi madre. Que estoy segura de que me diría "¡para esto te he enseñado yo a doblar bien la ropa!". Si es que me estoy imaginando la escena, jajaja. Pero lo tengo que poner en práctica, que es cierto que parece más fácil de ver y localizar las cosas.
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
Sí, Margari, sin duda lo es. Es alucinante lo bien que queda, todo lo que cabe (mucho más que con el orden horizontal) y además la simplicidad al abrir un cajón y verlo todo de un solo vistazo.
Con los libros yo ya he superado el trauma del papel. No me importa desprenderme de ellos, al menos de un porcentaje muy alto. Además, salvo joyas, son fáciles de reponer en su caso.
Léete éste, te gustará, aunque yo lo hice en formato digital :)
Ali EB ha dicho que…
Los Reyes Magos me trajeron este libro, y aún no he podido meterle mano, con las ganas que tengo!! Pero ahora mismo tengo demasiado follón con otros temas como para ponerme a reordenar mi casa y mi vida, jajaja!!
Besotes!

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