SER MADRE (MI PERSPECTIVA, QUE NO TIENE POR QUE SER LA TUYA)

Hace tiempo que este blog se ha convertido en un auténtico cuaderno de bitácora donde plasmo lo que quiero y como quiero. Si sigues leyendo, me temo que aceptas las reglas del juego, y en este caso voy a volver a escribir un post muy personal.

Ayer llegué a un texto que al parecer incendió parte de las redes hace ya un tiempo y que sin duda ha sido capaz de sacudirme bastante. En él, una mujer joven, sin hijos ni ganas de tenerlos, dice ciertas cosas como las siguientes:

Creo que, actualmente, la gente que tiene hijos se atonta y se amuerma, se vuelve prosaica y gris, envilece su mente y estanca su intelecto. Al mismo tiempo, creo que la gente que decide no tener hijos se vuelve psicótica y ególatra, convierte sus manías en dogmas (su perro es Dios, por ejemplo) y lleva su excentricidad a límites risorios.

Lo cierto es que pocas veces me interesan los comentarios de las mujeres que tienen bebés. Me interesarían si escuchara “ayer se despertó de la siesta y me miró a los ojos y parecía que entendía mi tristeza”, “voy a empezar a leerle poesía de Bécquer por las noches, quiero que aprenda palabras nuevas: pensil, fulgor, madreselva, cadencia, celosía…”

Si alguien tiene interés, le invito a que lea el texto entero a través de este enlace. Como réplicas al susodicho artículo, en el mismo medio online, podemos encontrar un texto escrito por una madre y un texto escrito por un padre. Una vez más, recomiendo que si habéis llegado hasta aquí leáis ambos textos, que al fin y al cabo dan su propia visión desde la experiencia de ser padres. Alguien me dijo una vez que para estar informado había que acudir a muchas fuentes de información, y eso obviamente conlleva leer cosas contradictorias, opiniones opuestas, y así, mediante la información completa, conformar tu propia opinión.

Bien, aquí el debate parece que surge porque una chica joven sin ninguna necesidad de tener hijos explica sus teorías sobre la abominación de tenerlos. Puede ser totalmente respetable, yo nunca tuve el llamado instinto maternal, y sin duda hace cinco o seis años vivía una vida no muy diferente a la que intuyo que puede vivir (por lo que cuenta) la persona que escribió el primer texto. Yo también veía a las parejas con niños como extraterrestres y había (y sigue habiendo) cosas que no podía (ni puedo) entender. Sin embargo, creo que nunca se me habría ocurrido escribir un texto como ése, especialmente por dos cuestiones: primero, porque no muestra ningún tipo de respeto hacia lo que los otros quieren o no hacer; y segundo, porque habla de algo que desconoce y del que sólo ha experimentado una percepción subjetiva. Personalmente, decir que la gente que tiene hijos se atonta y se amuerma me parece audaz. Yo me pregunto cuántas personas sin hijos van amuermados por la vida. Y me refiero a los que quizá encarrilen noches de borracheras, o se enchufen a telebasura cada noche, o eligen a quién votar mirando las papeletas el mismo día de la elección en plan pinto, pinto, gorgoritoHay muchos tipos de aburrimientos, de muermos y de otras muchas cosas. También tenemos demasiados prejuicios como sociedad y nos creemos con el derecho de juzgar constantemente a los demás pensando y, a veces aún peor, opinando sobre lo que los otros deben hacer. Consejos vendo, pero para mí no tengo.

Sobre lo de leerle a un bebé o a un niño pequeño poesía de Bécquer, mejor ni hablamos. Quien dice Bécquer también puede decir el Así habló Zaratrusta, de Nieztsche. El pobre niño o niña van a entender lo mismo. Y ya puestos, si hablamos de poesía, se me ocurren otras cosas más interesantes que Bécquer (aunque mi hija no tiene edad para entenderlas), pero oye, eso ya es a gustos de cada uno. Quizá esta chica si alguna vez pasa por la fase de tener hijos tenga un bebé que con diez meses comprenda el verdadero significado de Rimas y leyendas.

Las réplicas escritas por madre y padre respectivamente, me parecen al menos más respetuosas. No todo el mundo tiene que tener hijos, no todo el mundo quiere tener hijos y tampoco todo el mundo puede tener hijos. Estoy bastante harta de este mundo de etiquetas y juicios, pero como no me mude a un lejano planeta fuera de la galaxia, sé que lo tengo crudo. Y la verdad, dudo mucho que Luke Skywalker quiera venir a rescatarme y convertirme en su padawan. Pero eso no me impide primero, no aceptar juicios ni etiquetas del primero que pase por la calle y segundo, intentar aplicarme el cuento y no poner etiquetas y enjuiciar a todo bicho viviente que zumbe a mi alrededor. No siempre lo consigo, todo sea dicho, ni lo uno ni lo otro.

Escribo esto desde mi experiencia y mi perspectiva, que, insisto, ni serán las mejores ni las más correctas, pero son las mías; y, al menos, han pasado por la etapa de no tener ninguna necesidad de tener hijos, vivir una vida intensa (sobre todo culturalmente hablando), luego decidir querer tener hijos, tener una hija fantástica (de la que hablaré ahora) y vivir una vida mucho menos intensa, mucho menos cultural y con otras cosas incomprensibles hace unos años.

Eso no quiere decir que viva una vida maravillosa. Mi vida no es, ni de lejos, nada Pinterest. Es más, el terremoto vivencial, físico y emocional que sufres (y digo bien, sufres) cuando tienes un hijo es algo para lo que no estamos preparado; y es más, es algo de lo que no se habla. A mí no me gustan los bebés, quería a mi hija porque era mía, pero no hizo que me encantasen los bebés. Eso sí, cuando empezó a interactuar todo cambió mucho y ahora adoro a mi hija y tengo la certeza de que es lo mejor que he hecho en mi vida.

Pero, eso no quiere decir que mi vida sea preciosa, que viva en un mundo glamuroso y de color de rosa, que ser madre sea lo mejor ni que una vida sin hijos no merezca la pena. No, ni mucho menos. Yo tuve un hijo porque fue mi elección y pude tenerlo. Tuve una niña pizpireta, dicharachera, cabezota, intensa, amorosa y que te mira con sus ojos grandes y listos, y nunca para de hablar. Por ella, casi todo pasó a un segundo plano. Algunas cosas pasaron obligadas, otras fui yo quien lo eligió. No me arrepiento de nada. Pero lo cierto es que al año de tener a mi hija tenía un estrés horrible, me pasaba la vida corriendo, con sueño, malhumor, muchos kilos de más, perdía la paciencia, no tenía tiempo para mí, lloraba, gritaba y lo que había sido mi vida anterior se había dinamitado. Yo misma había explotado en mil pedazos. Tiempo después (ahora tiene cuatro años) he logrado mantener cierto equilibrio que me permite vivir, que no es poco, y muchas veces disfrutar, que es mucho más aún. Intento hacer las cosas lo mejor posible, pasar tiempo con mi hija, también pasar tiempo conmigo misma, trabajar, luchar, sobrevivir. A las diez de la noche (desde las seis de la mañana en pie) me suele dar igual que el mundo estalle en pedazos porque yo estaré durmiendo y no lo veré. Me estreso, tengo días malos, días en los que grito y le exijo a gritos que se calle (que hable más que yo a veces me parece una proeza, pero hasta en eso me supera). Y tengo otros días menos malos, otros días normales, otros buenos y también otros muy buenos.

De trabajo, ni hablamos. Porque nos cuenten lo que nos cuenten no es posible ser madre y trabajadora a tiempo completo. Puedes trabajar de sol a sol y dejar que otros cuiden a tus hijos si es tu elección, pero si quieres cuidarlos tú, no hay manera. Entro a trabajar a las 7.30, salgo a las 14.30 y me da tiempo a estar por las tardes, lo que, para mí, a día de hoy, es importante. Porque yo quiero ver crecer a mi hija. De lo que no hablan ninguno de esos tres textos anteriores, por cierto, es de los gurús de la maternidad y la paternidad laboral, de los que creen que todo es posible, porque salvo que tengan la formula de la alquimia, algo no me cuadra: o estás en el trabajo, o estás con tus hijos, o le das prioridad a una cosa o la otra, las dos al mismo nivel no tiene horas suficientes el día. Podemos hablar de niveles de prioridad, pero de poco más. 

Yo voy corriendo a casi todos los sitios, con la sensación de que no llego, no tengo ninguna tribu que me ayude, sí un marido corresponsable, lo que tampoco es moco de pavo. En el trabajo te exigen lo mismo, aunque trabajes menos horas. El coste de vida, el tiempo en desplazamientos, la vida en general, todo es igual. Y me aburren soberanamente las tardes de parque, por cierto. Hay tardes en que tengo paciencia y me encanta estar horas pintando (las menos), pero otras en las que cogería mi mochila, me iría a Lisboa y ya me buscaréis en Alfama mirando al Tajo si queréis encontrarme (otra licencia como cualquier otra, a menudo inalcanzable). Pero sobre todo, tengo esos ojos en mi retina, ese abrazo, esa sonrisa, esa niña que merece tener padres, que merece sentirse querida y que ningún oro ni trabajo del mundo, al menos para mí, merece quitarle el paraíso de su infancia. Es una elección, como cualquier otra, no es fácil y pasa facturas en muchos aspectos, pero es mi elección y yo tengo una hija para que tenga una madre, al menos mientras yo pueda. Eso no quita para que haga Zumba los viernes, vaya al teatro siempre que pueda y me guste remolonear en la cama los fines de semana, hacerme la sorda en determinados momentos y sueñe con los adoquines de Lisboa como un mantra al que aferrarme en medio de las tormentas emocionales.


Ésta es mi vida, nada Pinterest, muy imperfecta, pero es la que quiero vivir. Y, para mí, tener una hija ha cambiado mi vida. No creo que todo el mundo tenga que tener hijos, de hecho hay gente que mejor que no los tenga si piensa como la chica que escribió ese artículo. Porque nuestros hijos, los que tengamos y los que no tengamos nunca, merecen mucho más. Yo ya sólo aspiro a que mi hija sea feliz, tenga valores, crezca sana, feliz y sintiendo la seguridad de que sus padres siempre intentarán que sea feliz, que se equivoque y que salga de sus equivocaciones en este camino de la vida. Aunque no siempre es fácil, no siempre es bonito y pocas veces logramos hacerlo bien, por mucho que queramos.

Gracias si has llegado hasta aquí, y perdón por esta parrafada que ha brotado a borbotones de mi corazón. 

Comentarios

Sigue disfrutando de tu niña. Y deja que otras se limiten a tener una vida "plena" pero incompleta porque no saben la felicidad que da la sonrisa de un hijo. ¿O será que las uvas están verdes, (dijo la zorra)?
ITACA ha dicho que…
Qué gran comentario @Pedro y qué bueno verte por aquí! Gracias y abrazos!
Esther ha dicho que…
A mí me encantó tu parrafada, porque pone cordura en un terreno en el que las opiniones suelen ser bastante maniqueas. Pero en este tema todo el mundo se permite juzgar y opinar. Tú conoces mi razones por las que no tengo hijos, y no es porque no quiera, pero el comentario que tú aplaudes más arriba, me fastidia. Porque no tener hijos, bien por elección, bien por imposición no significa tener una vida incompleta, sino distinta, simplemente.
Otros dos ejemplos, que tengo muy recientes, el otro día una compi de curro se metió en una conversación mía con otra persona y me dijo: ¿te gustan las plantas? ¿Tienes plantas?, yo no, porque tengo dos hijas", no sé si pretendía decirme que como no tengo hijas las sustituyo por plantas o si es que hay algún motivo, que yo desconozco, por el que exista alguna incompatibilidad entre ambas opciones. Ese mismo día me dijo también que con hijos no se puede viajar, ¿perdona?. En fin, que tu planteamiento sobre el tema me parece muy acertado. Un beso.
ITACA ha dicho que…
Esther, me alegro que te guste la reflexión, aunque nunca llueve a gusto de todos, pero soy coherente conmigo misma, que ya es bastante. El comentario al que te refieres, supongo que es el de Pedro. Conociéndolo como le conozco te puedo asegurar que se refiere a las personas que deciden no tener hijos, una opción como otra cualquiera e igual de respetable y en absoluto se refiere a los que quieren tener hijos y no lo consiguen. Sé lo que llevas pasando mucho tiempo y entiendo que estás muy sensible con este tema, pero no le des tantas vueltas a los comentarios de otros. Algunas veces hay gente que los hace con muy mala leche pero muchas otras nos tomamos los comentarios de un modo peor a lo que quiso decir quién los pronunció. Con respecto a lo de las plantas, quizá la persona que te lo dijo se refería a que con niños inquietos se cargan las plantas, por lo que tener plantas no es ni planteable, yo cuando era pequeña me estrellaba contra las plantas de mi abuela con la bicicleta, corriendo o haciendo mil cosas. Y si la chica lo dijo con ese sentido? Respecto a lo de viajar, yo viajo con mi hija pero no es lo mismo. En mi opinión sí se puede viajar, pero al menos para mi de otra manera. Pero conozco personas que no salen de casa porque consideran que no se puede ir con niños a ningún sitio y gente que es capaz de dar la vuelta al mundo con dos bebés. De verdad, piensa bien, siempre hay muchas motivaciones para hacer o decir algo, no te pongas siempre en las malas, la mayoría de las veces, excepto personas con mala baba, los humanos cometemos errores dialécticos y hacemos daño sin pretenderlo ni siquiera enterarnos. Un abrazo y mucho ánimo!
Esther ha dicho que…
Sí, me refiero al comentario de Pedro, pero es que incluso la gente que no tiene hijos por propia elección no tiene porqué tener una vida incompleta, es más quizás sea más al revés, para mí podrá ser incompleta porque yo lo deseo, para quien nunca ha sentido esta llamada, no lo creo. Buen finde.
ITACA ha dicho que…
Esther, creo que estás sacando un poco de su sitio las palabras de Pedro, insisto en su buena fe. De todas formas, nunca puede llover a gusto de todos. Un abrazo.

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