VACACIONES PERFECTAS? ENCUENTRA LAS TUYAS Y SOBRE TODO DISFRÚTALAS


Este año he descubierto un nuevo calendario de vacaciones, consistente en adelantar una parte de las mismas, no cogerlas todas seguidas, y pasar un verano mucho más llevadero. Me he encontrado con frases del tipo: así no vas a poder desconectar, o ¡qué vacaciones más raras coges! Aunque hayan salido con buena intención de la boca de sus interlocutores, me apetece escribir una pequeña reflexión sobre las ¿vacaciones perfectas?  y… ¿para quién?

Para mí las vacaciones perfectas son las que más se adaptan a lo que yo necesito en ese momento. Esa “perfección” es la mía y es más, es cambiante. No se aplica a otros, porque la perfección para otros, en todo caso, será otra. También podríamos hablar de que la perfección no existe (creo yo), pero eso ya es harina de otro costal.

Hace diez años o más, para mí las vacaciones perfectas consistían en un gran viaje, con muchas cosas que hacer, visitando una gran ciudad, o muchos lugares, sin parar, una agenda apretada de eventos y lugares. Recuerdo que un amigo mío, un par de años mayor que yo, me dijo cuando él ya había empezado a trabajar y yo aún estaba en los últimos años de carrera, que él lo que quería era irse a la playa, con sol, vuelta y vuelta y no pensar en nada. A mis veintipocos aquello me parecía una aberración… sobre todo un aburrimiento supremo. Bien, como a todo gochín le llega su San Martín, he de reconocer que aunque mi playa suele ser del Cantábrico y no tiene por qué tener sol, lo de echarme en la toalla , sentarme a mirar el mar o simplemente dejar pasar el tiempo frente al azul del Cantábrico se acerca hoy en día mucho a mi concepto de vacaciones perfectas. Ya si hace solazo ni os cuento. Hace cosa de un mes ya os confesé lo que me gusta del verano en el norte.

Pues bien, como decía antes, este verano he cogido vacaciones “raras”, que consisten en 12 días en julio (que ya he disfrutado en el #veranoenelnorte y encima con solazo), una semana larga a mediados de agosto y una escapada a finales de verano. Para mí, este tipo de vacaciones, actualmente tienen ventajas muy claras:

Me permiten  desconectar: sí, yo soy de las que sale por la puerta de la oficina y todo lo que hay dentro se queda allí, da igual que sea un viernes y vuelva el lunes o que sean tres semanas. Más tiempo no significa más y mejor.

Paso mucho mejor el verano: esto para mí es fundamental. Hace años solía coger vacaciones en agosto y más bien hacia la segunda semana. El mes de julio se me hacía interminable y la primera semana de agosto quería morirme en el calor de Madrid. Además, tradicionalmente julio es un mes con bastante trabajo, lo que no ayudaba. Así, con vacaciones intermitentes al estilo Guadiana, llevo el verano mucho mejor, se pasa volando. Dos semanas fuera, dos semanas dentro, diez días de vacas, diez días de trabajo… Con esa equidad se sobrelleva todo muchísimo mejor, porque además los fines de semana, entre piscinas, pueblo y alguna que otra cosilla, parece que estás como de vacaciones. Y no sólo yo, sino que mi hija, de cuatro años, también lo lleva mucho mejor. En estos años de infancia creo que este modelo es el que mejor nos funciona (el que mejor funcionaría sería obviamente todo el verano de vacaciones, pero como no me encuentre una lámpara mágica y aparezca un mago, apañada voy).

Evito los mogollones: para ser totalmente sinceros, yo suelo intentar evitar los mogollones siempre. Me gusta ir al norte, evito Levante y las playas del sur en temporada alta etc. Pero sí es cierto que en julio suele haber menos follón que en agosto, y como en agosto voy a la Costa da Morte, donde hay poca gente, pues mucho mejor.

Las vacaciones de este año (las de julio) han sido fantásticas. Creo que una imagen (o un mix de ellas) vale más que mil palabras.


Es cierto que estoy un poco cansada de que nos pasemos el día (y me incluyo) subiendo fotos fantásticas a las redes sociales, porque la vida no es tan bonita como queremos hacerla muchas veces. Pero cuando digo que estas vacaciones han sido fantásticas, os prometo que digo la verdad. Es cierto que después de casi dos semanas de vacaciones tenía ganas de volver a casa y sobre todo tenía ganas de tener tiempo a solas (eso de ir en pack familia a todos los lados me agota). Tengo una preciosa hija de cuatro años y hemos pasado ratos maravillosos estos días, pero confieso que también me gusta estar unos días trabajando en Madrid y recuperando un poco de tiempo de soledad y de mí misma. Pero en las vacaciones lo hemos pasado taaaaaaan bien.

En muchos momentos no hacíamos nada: sí, sentarte en la toalla y mirar al mar, dejando que la mirada y los pensamientos se confundan con el azul del horizonte. Ese mindfulness natural es lo mejor del mundo, aunque con niños pequeños dura poco, pero no debemos olvidar que una de las cosas que debemos hacer en vacaciones es descansar y recargar pilas. 

El ritmo bajó: no todos los días había playa, pero sí casi todas las tardes hubo siestas. Paseamos, desayunamos en terrazas, hicimos castillos de arena, pintamos muchísimo (en eso parece que Henar no está por la labor de relajarse), salimos a comer y cenar fuera cosas riquísimas sin tener que cocinar ni recoger ni fregar y un largo etcétera de esas pequeñas cosas que tienen las vacaciones de verdad.

Y además hizo solazo: soy una gran fan del #veranoenelnorte pero no quiero engañar a nadie, cuando hace frío, llueve o está nublado un día y otro, y el siguiente…. me quiero cargar a alguien. Pero cuando hace sol un día, y otro, y al siguiente… vuelvo a creer en los milagros. Este año nos ha tocado la lotería, porque hemos estado en el norte 13 días (entre Asturias y Cantabria) y hemos tenido 9 con un solazo increíble, que nos han regalado eternas mañanas de playa.



Pues bien, seguro que algún día recuperaré mi pasión por patear ciudades y descubrir muchas cosas, pero confieso que ahora mismo soy muy feliz mirando el azul del Cantábrico, descansando y cargando pilas, sin más. Eso es lo que yo llamo a día de hoy “vacaciones perfectas”. 

Comentarios

Esther ha dicho que…
A mí ya vacaciones me suena perfecto, sin más adornos, pero cada uno sabe y elige lo que es perfecto para él. Si alguien me hubiera dicho que las mías de este año iban a consistir en dísfrutar de estar en casa, echar la siesta, disfrutar de Estepona, no mo lo habría creído, un poco por exigencias del guión, y otro poco porque es lo que me apetece en este momento. Me alegro de que hayáis disfrutado tanto. Un abrazo.
ITACA ha dicho que…
Gracias Esther, mucho ánimo, descansa y a pesar de las dificultades del momento, disfruta de ese tiempo de relax. Estepona quizá tenga más que ofrecerte en vacaciones, aunque nunca te lo hubieses planteado.
Virginia ha dicho que…
Me alegro de que hayas disfrutado de tus vacaciones norteñas. Justo donde estoy ahora mirando ese azul intenso del Cantábrico, con briznas de sol. ¡Me gusta tu collage!, muy guapos todos por cierto :) Un beso
Margari ha dicho que…
Y cómo sirven estas vacaciones! Sobre todo cuando las has disfrutado tanto, que se aprecia bien en las fotos. Ahora a seguir disfrutando del verano y de lo que te queda de vacas.
Besotes!!
ITACA ha dicho que…
Me alegro de que disfrutes de esos azules únicos Virginia, un besazo y nos vemos a la vuelta!
ITACA ha dicho que…
Pues sí, Margari, todo un lujo: sencillo, tranquilo y maravilloso :)
Leira ha dicho que…
Hoy está nubladín (al menos en Gijón) pero hay tantas cosas por hacer, que te olvidas de ese pequeño detalle. Por cierto, estuve el pasado finde en Madrid y no hizo mucho calor (lo que fue un alivio). Besos!

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