VIERNES VITALES 46: LA PIEZA QUE FALTA DEL PUZZLE

Cuando era pequeña tenía cierta habilidad con los puzzles, lo que hizo que ya de adolescente me diera por hacer en los largos veranos puzzles de 1.000, 2.000 o 5.000 piezas. Quizá alguno de ellos aún siga montado y hasta enmarcado en alguna casa familiar. Me encontré con una gran piedra en forma de puzzle, un gato persa que me trajo por la calle de la amargura durante un verano y que fui incapaz de terminar. Todas las piezas del pelo de gato eran iguales, un absoluto horror. No sé si fue por eso, o porque crecí y me dediqué a otras cosas, pero abandoné los puzzles. Ahora, los he recuperado un poco con mi hija, que también muestra habilidad con ellos, pero las princesas Disney en 32 ó 48 piezas no me suponen un gran reto.

Este post no va sobre puzzles, al menos no sobre los típicos puzzles de cartón para encajar pieza a pieza. Quiere hablar más bien del gran puzzle que es nuestra vida, compuesta además por inmensidad de puzzles más pequeños. Pero sobre todo quiero hablar sobre las piezas del puzzle que nos faltan.

Vuelvo al puzzle del gato persa que nunca terminé. Quizá fuese un fracaso, o no, pero lo que hubiese sido desesperante es imaginar que soy capaz de montar ese puzzle tan difícil de 2.000 o 3.000 piezas minúsculas y que, meses después, cuando lo estás acabando, te das cuenta de que te falta una pieza, o dos o tres… Esas piezas que faltan son capaces de tirar por tierra el trabajo de meses y de llenarnos de frustración. No sé si los fabricantes de puzzles tenían algún servicio al que pedir esas piezas que nos faltan, tal como lo tenían los fabricantes de álbumes de cromos, a los que podías pedir los últimos cromos que no encontrabas nunca. Pero en la vida, cuando te falta una pieza del puzzle, o varias, algo que sucede muchas más veces de las que nos gustaría, no hay servicio de peticiones para que te envíen esa pieza que falta y sin la que sentimos una frustración inagotable.

Y si lo pensamos, casi siempre falta alguna pieza del puzzle, porque la vida, de un modo u otro, consiste casi siempre en eso, nos guste o no. El otro día disfruté de un café y una conversación tremendamente interesante con una amiga que vive fuera de Madrid y a la que veo muy poco. Ella está muy metida en el mundo del coaching y los cafés con ella son como una sesión de abrir los ojos, son sencillamente mágicos. Una de las cosas que salieron fue precisamente la pieza del puzzle que siempre nos falta. Ella me dijo que en el caso de los españoles era algo especialmente acuciante porque era algo sustancial a nuestra forma de ser y nuestra educación, nuestra propia idiosincrasia: siempre nos centramos en la pieza del puzzle que falta. De vuelta a casa, andando, pensé mucho en ello, y es cierto. Una pieza de puzzle que falta hace que el puzzle no nos sirva, que olvidemos en seguida el reto y el logro de haberlo hecho entero (aunque nos falte una pieza), de haberlo disfrutado, de haberlo vivido intensamente. La pieza que falta lo anula todo.

Puede que los españoles tengamos en nuestro ADN el síndrome de la pieza del puzzle, pero tampoco es algo únicamente nuestro. Está demostrado que las personas que sufren una depresión se enfocan en un punto negro, en algo que falla, en la pieza del puzzle que les falta, y son incapaces de ver todo lo demás. Sin llegar a sufrir una patología, y salvo los optimistas resilientes (que son muy pocos) a los demás, con nuestros más y nuestros menos, las piezas del puzzle que nos faltan nos hacen polvo.

Crecer, madurar, aceptar… pasa por asumir que constantemente nos faltan piezas de puzzles y que por mucho que queramos controlarlo, no vamos a ser capaces de hacerlo, no depende de nosotros. Lo que sí depende de nosotros es luchar por lo que creemos, pero también retirarnos a tiempo y no dejarse la piel en lo que no va a salir. Pero sobre todo, depende de nosotros abrir bien los ojos, mirar a nuestro alrededor y ver todas las cosas buenas que tenemos, lo bueno y bello que es nuestro puzzle, y quizá muchas de las piezas estén en una esquinita y ni siquiera sean tan importantes como creíamos.


Hablemos de trabajo, algo que en general no nos gusta demasiado comentar y que cuando lo hacemos, frecuentemente es en modo negativo, centrándonos en la pieza que falta. Pero me parece un área buena para centrarse porque no es tan importante como otras como la salud o la familia, al menos para mí.  El trabajo es trabajo, si nos gusta y nos hace feliz, mucho mejor para todos. Pero siempre tiene un punto oscuro, como decía una compañera que tuve hace años: si fuese tan bueno, no nos pagarían por ello. Pero opiniones pesimistas aparte, el trabajo, si lo tienes, ya de por sí es bueno, nos da dinero para vivir, y ésa debería de ser la razón de base. Lo dicho, si lo disfrutas, si amas tu trabajo, si tienes la suerte de que tu trabajo es además tu vocación… enhorabuena, eres un privilegiado. Si no es así, no te obsesiones con las piezas del puzzle que te falten.

Normalmente el trabajo tiene cosas buenas, cosas no tan buenas, cosas malas… Aunque te guste tu trabajo, habrá tareas o partes de él que te encanten y otras que no soportes. No te centres en lo malo: céntrate en lo positivo. Yo hice este ejercicio hace casi un año y listando todas las cosas buenas me di cuenta de que había muchas más de las que había pensado. En mi caso, mi trabajo tiene varios puntos fundamentales: el primero de ellos es la autonomía, la capacidad que tengo de decisión sobre la inmensa mayoría de las cosas y sobre todo la de poder probar cosas nuevas es algo infinitamente positivo; el segundo es la flexibilidad: que me permite poder entrar muy pronto, cambiar horarios y ser más flexible en general; y la última el horario: aunque tengo jornada reducida desde que tengo una hija, con todo lo que ello conlleva, estar a las 3 de la tarde fuera es un lujo que pretendo mantener toda mi vida si fuese posible. También tiene cosas malas, otros trabajos tendrán cosas mejores, pero quizá no tengan éstas. La perspectiva nos hace ser más felices, vivir mejor. Abre los ojos.

¿Cuáles son las piezas del puzzle que te faltan? Piensa: ¿verdaderamente son todas tan importantes? 

Comentarios

Esther ha dicho que…
A mí los puzzles nunca me han llamado la atención. Yo veo la vida más como un lego, así que más que buscar las piezas que faltan hay que tratar de encajar las piezas que tenemos y hacer con ellas lo mejor.
A mí mi trabajo me encanta (aún con sus contras), tanto es así que mi vuelta ayer (tras la baja médica de 15 días) me ha supuesto estar de mejor humor y me ha dado un subidón. Tengo compañeros que se quejan de trabajar con adolescentes, a mí, en cambio, me encanta, porque me contagio de su juventud, entusiasmo, ganas y curiosidad (que no todos son unos ninis como nos pretenden vender). Me gustan tus viernes vitales.
ITACA ha dicho que…
Gracias Esther, sé que te gustan los Viernes Vitales. Cuando me inspira algo para ellos y decido escribirlo, siempre me acuerdo de ti. Me ha gustado mucho lo del Lego y encajar piezas, creo que me ha inspirado otra reflexión :)
He puesto el ejemplo del trabajo porque le pasa a mucha gente y porque al final es algo secundario, una pieza que puedes colocar no es una parte fundamental de tu puzzle sino a un lado. Pero lo dicho, me quedo con el Lego. Debe de ser que yo crecí con puzzles, no con legos.
Azahara ha dicho que…
Solamente voy a decir una cosa: gracias! Hay cosas que parecen muy evidentes pero hace falta que alguien nos las recuerde de vez en cuando ;)
ITACA ha dicho que…
Es la magia del coaching, querida AZ! Gracias te las tengo que dar yo a ti, por ser tan buena amiga y tan buena persona, incluso cuando estamos en medio del fragor de la batalla.
Margari ha dicho que…
Hace ya algunos años, 22 más o menos, que aprendí que mejor que preocuparnos y amargarnos por las cosas que nos faltan, es apreciar las cosas buenas, valorarlas, disfrutarlas y cuidarlas. Para que duren mucho. Me tocó aprenderlo ahí a la fuerza, pero ya nunca lo he olvidado. Disfrutar de cada día de tu vida.
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
Qué gran consejo, Margari!

Entradas populares