VIERNES VITALES 49: CHINCHES, MOSCONES Y OTRO TIPO DE SERES MALVADOS

Hace unos días tuve una conversación con un coach que me abrió los ojos y me dio mucha fuerza. Es lo que tienen los coach, son capaces de hacerte ver las cosas de otra manera y de que seas capaz de darle la vuelta a la tortilla. La conversación giró sobre la maldad y sí, la maldad también existe. De hecho, todos nosotros hemos sido malos en alguna ocasión, nos hemos comportado mal, hemos hecho daño a alguien siendo conscientes de ello, hemos sido crueles, o simplemente no hemos hecho lo correcto. Es un episodio duro enfrentarte a tus propios demonios interiores, a las veces en que tú mismo has fallado, no te has comportado bien y tienes que sobrellevar esa carga aunque sea en la conciencia.

Pero hay personas que son malas, personas perversas que incluso disfrutan haciendo el mal. Sí, los malos malísimos de las películas también existen de vez en cuando en la vida real, y es muy probable que termines cruzándote a alguno de ellos a lo largo de tu existencia. También hay personas que quizá no sean malas porque sí, pero que de repente la toman con alguien y machacan a esa persona, la atacan sistemáticamente, agazapados en la sombra esperando un despiste, un error, para caer sobre su víctima. Curiosamente, pueden ser buenas personas en otros momentos de sus vidas pero en esos momentos o con determinadas personas son verdaderamente perversos.

Frecuentemente la maldad lleva asociada algún tipo de enfermedad u otros aspectos como la envidia o la inseguridad. Es totalmente cierto, muchos de los que tienen malos comportamientos, especialmente si tienen un foco sobre una persona concreta, encierran en realidad muchas inseguridades y frecuentemente envidias. Pero hay veces que no, hay personas perversas y malas, afortunadamente las menos, que son malas porque sí, contra cualquiera.

Bien, quienes me conocéis personalmente probablemente sabéis que soy una persona que no dejo indiferente a nadie. Por ello, tengo amigos maravillosos y gente que no me merezco de lo fantásticos que son, que me quieren como soy, que me apoyan y que sé que siempre están ahí. Pero al no pasar desapercibida, también hay personas que no pueden verme delante, algunas de ellas, la mayoría por cierto, son muy inseguras y quizá lo que les molesta es mi seguridad, sobre todo mi independencia y mi fortaleza. He vivido ciertas cosas en mi vida, desde pequeña, que me han hecho que frecuentemente tenga que sacarme yo solita las castañas del fuego, por eso mi nivel de fortaleza interior probablemente sea mayor que la media. Hace casi tres años pasé una época muy difícil en mi vida, que reconduje a través del coaching y algunos de mis fantasmas (los demonios son internos, los fantasmas son externos) ahí siguen. Hay algunos que ya no están, otros nuevos que han venido a hacerme la vida más movidita como una montaña rusa, pero sobre todo muchos de los viejos y de los nuevos tienen algo en común: no me afectan. Me afectan infinitamente menos que antes y aunque siguen insistiendo en chinchar, la verdad es que a mí me da bastante igual. Ya lo decía mi abuela que no hace daño quien quiere sino quien puede. Lo jod… de la historia es por qué narices tenemos que aguantar esos chinches, normalmente asociados a esferas de tu vida que no puedes controlar y delimitar, tales como el trabajo o la familia. Pero lo que sí puedes controlar y delimitar es el impacto que hacen en ti, dejarles que te afecten o impedírselo, y ahí es donde aparece la fortaleza personal y sobre todo la habilidad para desarrollarla. No siempre es fácil, de hecho casi nunca lo es.


Reconozco que hay momentos en los que, como a todo el mundo, me da el bajón, me enfado, me pongo triste, pienso en la injusticia del mundo, bla, bla, bla… Pero en la vida hay de todo y la mayoría de las veces la culpa no es de un tercero, sino que nosotros tenemos mucho que ver en ello y mucho que decir. De hecho, lo primero que debes hacer es quererte a ti mismo, tomar la decisión de luchar por ti, tus intereses y ser capaz de que las cosas no nos afecten, o si lo hacen (no siempre resulta fácil controlarlas), conseguir que nos afecten menos. Como me dijo otra amiga coach hace tiempo, seguimos bajando al sótano de nuestros miedos y nuestras frustraciones (podéis incluir vuestras iras, enfados, llantos… a cada cual lo suyo), pero nos quedamos menos tiempo. De eso se trata, de saber sobrevivir mejor, de bajar menos veces a ese sótano lúgubre y de saber salir más rápido de él, sin que nos afecte demasiado el paseíto.

Y os aseguro que, aunque sea a largo plazo, esa fortaleza termina espantando a los moscones y a los chinches. Saber convivir con ellos y saber que, en el fondo, son pequeños desgraciados que más merecerían nuestra compasión que otra cosa, es lo que nos hace fuertes, lo que nos permite avanzar. Y esa fortaleza es lo mejor que tenemos, para crearla hay que trabajar en ello

Comentarios

Leira ha dicho que…
Yo no entiendo por qué gente tan mal y que quiere ver inféliz a los demás.
Azahara ha dicho que…
Voy a tener que leerme este post una vez al día... Yo tampoco lo entiendo y desgraciadamente aún no he llegado a ese nivel en el que no me duela, pero está claro que hay que hacer una revolución interior, no esperar a que el karma lo arregle :) Lo bueno es cuando te encuentras con personas que son luminosas, que te arreglan el día y la cabeza.
ITACA ha dicho que…
De todo tiene que haber en el mundo y debemos asumirlo Leira, no hay más opciones.
ITACA ha dicho que…
Tú eres una de esas personas luminosas, AZ!, ahora sólo falta que te creas del todo lo que los demás sabemos de ti. Y sí, la revolución tiene que ser interior porque las cosas externas, buenas y malas, van a seguir ahí, y la mayoría de las veces no tenemos opciones de cambiarlas, pero sí de cambiarnos un poquito a nosotros mismos.

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