INTENTANDO RECUPERAR MI PASIÓN LECTORA: DISPARA, YO YA ESTOY MUERTO

Propósito de año nuevo repetido de años anteriores: leer. Ya no digo leer más, leer mejor, leer temáticas diferentes, sino leer. He decidido primar el sentido del propósito en sí frente a florituras. Y en la denostada sección de este blog Intentando recuperar mi pasión lectora hoy le toca el turno, ¡por fin! a una reseña bibliográfica. En mi defensa, aunque nadie me lo ha pedido y no creo que sirva de mucho, diré que hay libros que no reseño por aquí pero que sí leo. Aún así, mucho me temo que siguen siendo muchos menos de los que me gustaría. En cualquier caso, la semana pasada leí un libro que me gustó y que quiero compartir con vosotros en esta pequeña ventanita al mundo.

Dispara, yo ya estoy muerto, un título cuanto menos sugerente y que anima a adentrarte en la historia que encierran las páginas de este libro. Se trata de una novela de la escritora Julia Navarro, a la que me une una relación de filias y fobias, me temo. Hace bastantes años, leí su primera novela, La hermandad de la sábana santa, de la que tengo un gran recuerdo. Sin embargo, luego probé con otras dos: La sangre de los inocentes primero y mucho más tarde Dime quién soy, con bastantes claroscuros. Tengo la sensación de que esta mujer, sin duda una buena escritora, es de las que piensan que los libros se venden al peso. Con eso, quiero decir que al menos sus novelas más recientes superan con creces las 800 páginas. Esto, en sí mismo, no creo que esté ni bien ni mal, siempre y cuando la historia dé para llenar todas esas páginas. Sin embargo, la sensación que me producen todas las novelas suyas que he leído, a excepción de la primera, es que la historia es buena, pero sería mucho mejor con doscientas o trescientas páginas menos. Como leo en Kindle, a mí me da igual que el libro tenga 100 páginas o 1.000, “pesa” lo mismo. Pero cuando a mitad del libro me dan ganas de cerrarlo y dedicarme a otro, algo no bueno está ocurriendo.

Esta sensación exacta se repite en cada uno de los libros de Julia Navarro que han caído en mis manos, y en el caso de Dispara, yo ya estoy muerto, ha vuelto a suceder. Empiezo diciendo que la historia es fantástica, que es un libro que bien merece ser leído y que en muchos momentos será muy capaz de captar tu atención y generarte sed de lectura, de seguir adelante y descubrir la historia familiar, de entender. Con el conflicto entre israelíes y palestinos como telón de fondo, asistiremos al paso de la historia, la de varias generaciones de judíos y de musulmanes, familias que fueron amigos y compartieron la vida y la tierra y cuya amistad se rompió por política. El final del libro es fabuloso, tiene un buen nudo, un buen planteamiento, un excelente desenlace… Pero lo mismo de siempre, sobre la mitad del libro le sobran fácilmente doscientas páginas. La autora divaga en cosas que, bajo mi punto de vista, no van a ningún lado. Y lo que es peor, te hacen mirar todo lo que te queda por delante y plantearte si merece la pena seguir. En esas una compañera me dijo que este libro le había encantado y que lo consideraba el mejor de la autora. Teniendo en cuenta que confío en su criterio, creí que merecía la pena seguir con él y me alegro de haberlo hecho, porque a pesar de ese “parón” a la mitad, el libro luego mejora muchísimo. Pero quizá Julia Navarro debería plantearse escribir menos al peso y reducir la cantidad de páginas que incluye en cada libro, ya que sus historias merecen la pena y en mi humilde opinión las alarga artificial e innecesariamente.

Y ahora, al lío, ¿qué narra la historia de Dispara, yo ya estoy muerto?
«Hay momentos en la vida en la que la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando. Aquella frase de Mohamed Ziad la había atormentado desde el mismo instante en que la había escuchado de labios de su hijo Wadi Ziad.»

Aunque Ezequiel Zucker nos habla desde el presente, la historia familiar arranca desde finales del siglo XIX y termina a mediados del XX. Ismael Zucker, el abuelo de Ezequiel, era un comerciante ruso de pieles que tras regresar de París se encuentra con que toda su familia, a excepción de su hijo Samuel, que le acompañó en aquel viaje, ha sido asesinada en un progromo contra los judíos en la etapa pre-final de la Rusia de los zares. Su hijo Samuel crecerá y luchará en la clandestinidad contra el zarismo, pero las cosas se pondrán difíciles y terminará huyendo a Palestina, la tierra de sus antepasados. Allí, comparará unas tierras que las bautizará con el nombre de la Huerta de la Esperanza, donde convivirán con muchos otros judíos que han huido de Europa y con la familia Ziad, una familia musulmana con la que establecerán una estrecha relación personal de amistad y familiar, hasta que el paso de las décadas y los enfrentamientos entre judíos y árabes que daría origen a la formación del nuevo estado de Israel les separará.

La guerra entre religiones es el telón de fondo de esta historia. Esa guerra entre judíos y palestinos por un pedazo de tierra que ambos se creen con derecho a poseer y del que expulsar a los otros. Sin embargo, la historia de Dispara, yo ya estoy muerto profundiza en las personas, en la amistad que unió a dos familias durante generaciones. La familia Zucker y otros judíos procedentes de Rusia trajeron ideas socialistas antes de la Revolución. Samuel lo dio todo por salvar a los miles de judíos que huían de Europa y de Alemania durante la II Guerra Mundial. Pero el enfrentamiento entre árabes y judíos se tornó inevitable, y aún sigue cruentamente vigente. Esta novela, que pretende contar la historia de una manera bastante imparcial, sin situarse en ninguno de los dos bandos, ni con unos ni con otros, pretende explicar los orígenes del conflicto, las generaciones que vivieron unidas, las amistades de familias que se rompieron por un tema político.

Ezequiel le cuenta la historia a Marián, una trabajadora de una ONG que está realizando un estudio sobre los asentamientos judíos en Palestina y que a su vez ha recogido la historia por parte de los Ziad. Los Ziad formaron parte de la Huerta de la Alegría y convivieron fraternalmente durante generaciones con los habitantes de la huerta, pero cuando se produjo la separación entre Israel (con la creación del nuevo estado) y Palestina, las diferencias irreconciliables hicieron que las familias se separasen para siempre.


No voy a profundizar más, hay decenas de personajes habitando esta historia, que nos enseñarán mucho sobre un conflicto que, al menos para mí y más allá de las noticias, era un gran desconocido. Una novela muy acertada y que bien merece la pena su lectura, a pesar de su excesiva extensión, como dije al principio. Una gran historia con la que comenzar este 2017, que espero que para mí sea mucho más lector que sus predecesores.

Comentarios

Esther ha dicho que…
El mejor libro sobre esta temática que he leído es El sueño del olivar, a esta autora la tengo pendiente, no me llama. Este libro lleva en mi kindle mucho tiempo, desde que lo comprara en un kindle flash, pero leyéndote no me dan ganas de ponerme con él, eso de que le sobren 200 páginas me echa para atrás. Un beso.
ITACA ha dicho que…
Jajaja, el mío también vino en un kindle flash... de hace un año o así. Pero tiene un final fantástico y de verdad que merece mucho la pena.
Tracy ha dicho que…
Es una autor que de entrada, no me atrae. TENGO MUCHAS LECTURAS PENDIENTES ANTES.
Un beso y gracias por compartirlo leído, has hecho una entrada muy interesante que me gustó leer.
Margari ha dicho que…
Pues me alegra que lo hayas disfrutado, pese a su extensión. Esta vez no creo que me anime, que no termina de llamarme.
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
Es una buena novela, Margari, por si más adelante te animas :)
Leira ha dicho que…
A mí madre no le gustó nada, de hecho le costó sangre y sudor leerlo y al final se saltó páginas y todo. No me llama, la verdad.

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