VIERNES VITALES 52: CELEBRA LAS COSAS QUE SALEN BIEN

Una de las cosas que no hacemos, o que quizá nadie nos ha enseñado a hacer en nuestra vida, es celebrar las cosas que nos salen bien. Podemos llamarlos éxitos, alegrías de la vida... como queráis. Pero el caso es que en muchas ocasiones algo sale bien, no tiene por qué ser fruto de la casualidad, o quizá a veces la suerte sí está de nuestro lado. La mayoría de las veces en cambio hay un trabajo o un esfuerzo detrás. Sea como fuere, hemos recibido una alegría y en lugar de dejar que nos llene el corazón, gritarla a los cuatro vientos, celebrarla y así expandirla, disfrutarla más, dejamos que pase sin pena ni gloria. Pasa el momento y seguimos inmersos en la rutina de nuestras vidas, en la lista de pendientes, en las cosas que no salen bien, en las piedras en el camino... ¿y qué ha sido de lo bonito, de lo bueno, de eso que merece la pena celebrarse? Como mucho, apuntamos mentalmente que ha salido bien y a otra cosa, mariposa, sin darle el valor que se merece y sin disfrutarlo verdaderamente. 

Mi 2017 no tiene muchos retos, lo reconozco, y la mayoría de los pequeños mini-retos que tiene consisten en cosas no demasiado difíciles de conseguir si me lo propongo. Una de esas cosas es precisamente celebrar más, darme el gusto de paladear las cosas buenas, ser consciente del camino recorrido hasta ellas y dar gracias a la vida por ponerlas en mi camino, por conseguir que saliesen bien.

Ayer tuve un hito en el camino de este tipo. En este caso laboral, un proyecto que me ha llevado varios años y que en los últimos meses se ha materializado. Ayer era el día en el que celebrábamos el acto de entrega. No me voy a extender más ni a dar más detalles, pero lo cierto es que salió francamente bien, mucho mejor de lo que yo pensaba que iba a salir. La gente disfrutó muchísimo, fue algo sencillo y emocionante. Tuve la suerte de poder compartirlo con gente a la que quiero y que me quiere e incluso personas con las que no tengo mucha relación se acercaron a darme las gracias por haberlo hecho posible. Por detrás llevó semanas de trabajo no siempre bonito, bastante e intenso y a veces agotador. Pero viendo el resultado... mereció tanto la pena. 


Estoy infinitamente agradecida a la vida por las oportunidades y las personas tan magníficas
que pone en mi camino. Si estás dispuesto a recorrerlo con los brazos abiertos, te darás cuenta de que las oportunidades se van presentando a cada paso. A veces, un árbol no nos permite ver el bosque, pero está ahí. La piedra en el camino que nos quita la alegría nos predispone a creer que el camino será malo, pero no lo va a ser, va a tener nuevos senderos, nuevos caminos, e incluso las cosas malas con el paso del tiempo se convierten en cosas buenas e inesperadas. Y sin piedras, sin sufrimiento, creo que no seríamos capaces de reconocer la magia y el agradecimiento de lo bueno.

Ya sé que este post es muy filosófico, está escrito del tirón y desde el corazón. Pero necesitaba compartirlo en esta pequeña ventanita al mundo. Sé que 2017 será un año intenso, nos tendrá deparadas muchas cosas en el camino, no todas buenas, pero podremos aprender y seguir adelante. Y cuando te pase algo bueno, párate, celébrarlo y disfrútalo. Te lo mereces

Comentarios

Esther ha dicho que…
He leído las tres últimas líneas como si fueran dirigidas a mí, ya ves. Necesito confiar y quiero dejarme sorprender por este 2017. Espero tener momentos para celebrar. Un beso y feliz año 😘
Margari ha dicho que…
Toda la razón. Después del esfuerzo, cuando las cosas salen bien, hay que disfrutarlas y celebrarlas. Y disfrutar de todos esos buenos momentos que la vida nos da. No arrepentirnos luego por no haberlo hecho.
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
Para eso precisamente lo he escrito, Esther. Un abrazo inmenso, querida amiga.
Ali EB ha dicho que…
Ains, cómo me gusta esta entrada, Itaca!!
Yo he empezado a celebrar lo bueno, lo pequeño, lo ordinario, hace muy poquito. Pero crea adicción, y hace la vida más feliz.
Un abrazo!

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