DIY: CUSTOMIZANDO (Y SALVANDO) PANTALONES DE NIÑOS

¡Ay, si me viese mi abuela! Sí, nunca pensé que me fuera a dar por hacer remiendos a la ropa, pero lo cierto es que no sólo lo estoy haciendo, sino que además estoy disfrutando un montón con ello. Bueno, en realidad han sido dos pequeñas cosillas sin la menor importancia, pero dan el pego y han quedado hasta monas, así que como estoy emocionada, las comparto por aquí.

Desde hace meses leo muchas cosas sobre simplicidad, minimalismo, orden… y además estoy en modo ahorro on (porque me he metido en un berenjenal al que voy a dedicar mis ahorros una larga temporada). El caso es que cada vez me doy más cuenta que tenemos demasiado, que las cosas que tenemos las podríamos usar mucho más de lo que lo hacemos y que todo eso conlleva ventajas para el medioambiente (no generamos más residuos), nos entretenemos un buen rato, hacemos cosas nuevas y diferente (no habrá otro igual por ahí) y además ahorramos.  

Con una niña de 5 años, entre parques, coles, patios y demás, os podéis imaginar. Los pantalones están bien, pero las rodillas terminan agujereadas en pocas semanas. Es normal, no espero otra cosa, pero lo cierto es que ahora que se acerca la primavera, comprar una nueva remesa de pantalones que va a usar unas semanas y que luego en otoño le quedarán cortos me parece una tontería. Más aún si tenemos en cuenta que los suyos, quitando la parte de las rodillas, siguen estupendos. Pero claro, no se trata de que vaya la pobre con agujeros en las rodillas.

El día de su cumple, me fijé en que un amigo suyo llevaba unos vaqueros con un parche de la patrulla canina en una de las rodillas, que no sólo quedaba bien sino que incluso le daba un toque al pantalón. Pensé que era una idea estupenda, sé que hay parches y rodilleras de las que se pegan con plancha y hacen que incluso el pantalón en cuestión quede más mono que en su versión original. Lo cierto es que tenía tres pantalones en la bolsa de reciclaje (los llevo a H&M a reciclar en su programa concious) y decidí sacarlos de la bolsa y darles otra vida.

Empecé con estos verdes, tienen un color muy bonito y combinable y estaban perfectos excepto por la parte de las rodillas. Busqué retales entre mis telas de cuando daba clases de costura (que las tengo ahí guardadas para más adelante, algún día las recuperaré) y encontré una de unas hojas en tonos verdes, azules y amarillos que era muy chula y que le iba que ni pintado al color del pantalón. Además era una tela más dura, con lo que para la zona de las rodillas y el roce que va a sufrir venía estupendamente.


La idea inicial era sencillamente hacerle unas rodilleras y listo, pero luego pensé que si le ponía unos trocitos de la misma tela a los bolsillos de la parte de atrás iba a quedar aún más molón. Y no me equivoqué. Creo que el resultado ha sido óptimo, una que yo me sé anda encantada de la vida con sus pantalones customizados, y ya la veis, más chula que un ocho. Está encantada porque es muy posible que alguna compañera del cole llevase unos pantalones iguales o parecidos a los suyos antes, pero desde que los hemos tuneado con este do it your self tan majo, los suyos son únicos en su especie. Y qué queréis que os diga, a mí me parece que han ganado mucho con el cambio y que ahora son mucho más monos que antes.


En cualquier caso, cumplirán su cometido, que es de lo que se trataba, ya que podrá tirar con ellos unas semanas más y ya está. Hemos reutilizado unos pantalones que íbamos a tirar, podemos sacarle provecho unas cuantas semanas antes de que llegue el calor de Madrid, no hemos generado más gasto y más residuos y además yo me lo he pasado muy bien pespunteando. Es cierto que con la máquina hubiese quedado mucho mejor pero me resultaba mucho más fácil coger aguja e hilo mientras veía un capítulo de una serie en la tele. 


Ha quedado mucho menos profesional y se notan las puntadas irregulares y todas esos defectillos que me habría sacado mi abuela, pero da igual por muchas razones:

Mi hija está tan contenta con sus pantalones customizados (no hay más que verla).

Hemos ahorrado dinero al no tener que comprar más.

Hemos ahorrado al planeta el residuo de otros dos pares de pantalones más (más adelante os cuento el segundo).

Su madre (es decir yo misma) se lo ha pasado muy bien inspirándose, ideando, creando y haciendo.

Esto de los handmade engancha. Y además es un ejercicio de concentración en estado puro.


Y ahora os cuento el segundo par de pantalones customizados. En este caso lo tenía más difícil porque se trataba de unos pantalones estampados y resultaba más complicado combinarlos con otra tela y que le diese un toque. Pero en este caso el destino, la providencia o la casualidad nos echó una mano. Y es que, rebuscando en la bolsa de ropa para reciclar me encontré con una chaqueta de Henar de cuando tenía dos o tres años. Era roja de lunares y tenía unos bolsillos muy graciosos ¡con forma de corazón y en color rosita! Os aseguro que ¡no me lo podía creer! Ni hechos de encargo, oiga. Fue una suerte que se hubiesen quedado ahí en el fondo de la bolsa y no los hubiese llevado a reciclar aún, porque le iban que ni pintados. Simplemente tenía que descoserlos y coserlos posteriormente con punto de festón a las rodillas. Éste fue el resultado.


Se trataba de una tela más suave (tipo camiseta) pero doble. El corazón, que era lo más difícil y estaba bien hecho a máquina, ya estaba hecho, yo sólo tenía que coserlos y adaptarlos cual rodilleras. Y voilá! Otros pantalones salvados. Porque si los verdes estaban en buenas condiciones excepto en la parte de las rodillas, estos ni os cuento. Estaban perfectos excepto una rodilla con un agujero y la otra en proceso de desgaste, pero el resto del pantalón estaba absolutamente nuevo. El toque de las rodilleras en forma de corazón creo que es más que suficiente y que no necesitaban hacerles nada más en la parte de los bolsillos ni en ninguna otra parte.

Os decía antes que había tres pantalones en la bolsa, pero los terceros eran negros con lunares blancos y la verdad es que no se me ha ocurrido una combinación buena para sus rodillas. No estoy segura de si esos los voy a recuperar, pero en cualquier caso me siento orgullosa de haber recuperado los otros dos. Si no, a estas alturas ya tendría que haber salido corriendo a comprar otros dos pares de sustitución al menos. Y es que para eso soy poco minimalista, lo tengo que reconocer. La ropa de tralla, la que se ponen los niños cada día, creo que tiene que ser abundante. Es una forma de simplificar tu vida, porque no estoy pendiente de si hay que poner una lavadora o no y mi vida resulta más sencilla. 

Eso sí, luego hago este tipo de cosas para aprovechar la ropa, cuidar el medioambiente y pasarlo genial tuneando y customizando. Y mi hija tan contenta. Probablemente más adelante ya no le gusten las ideas alocadas de su madre, pero ahora está encantada.


¡Ay, si me viera mi abuela! 


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Comentarios

Vaya manitas que estás hecha
ITACA ha dicho que…
Jajaja!!! Gracias Pedro ;)
Esther ha dicho que…
Te han quedado muy monos, me encantan.

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