PINTOR DE BATALLAS: EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE

Debo confesar que un día (hace ya muchos años) yo fui una enamorada de las novelas de Reverte. Me enganché con ellas a finales de los 90, cuando estudiaba COU. En la misma primavera me leí prácticamente todo lo que había publicado hasta ese momento y me enamoré especialmente del personaje de Irene Adler en El Club Dumas (que a día de hoy creo que sigue siendo mi novela favorita de este autor). Es cierto que años después Polanski destrozó el mito con una película bastante lamentable de la que sólo se salvaba Johnny Depp y las orillas del Sena, qué manera más absurda de destrozar una novela. Pero, a lo que iba, que entre COU y mis primeros años de Universidad yo soñaba con ser personaje Pérez-Reverte.

Lo que sucedió después probablemente haya sido que crecí y empezaron a interesarme otras cosas. La vanidad en aumento del señor Reverte creo que tampoco ayudó a que la ecuación fuese precisamente positiva. Tardé mucho en darle nuevas oportunidades a las obras que fue publicando posteriormente y, además, sin duda tampoco elegí bien. Me compré un ejemplar de Cabo Trafalgar y me pareció bastante difícil de tragar, después lo volví a intentar con El asedio y me pareció muy insufrible. Es verdad que El tango de la guardia vieja me devolvió al mejor Reverte, el de mis años de juventud, pero no fue suficiente porque ya había perdido el interés en lo que el insigne académico dice o deja de decir. De entonces hasta ahora, no he vuelto a leer nada suyo.

El caso es que, cuando me enteré de que una de sus novelas, El pintor de batallas, había sido llevada a las tablas y que se representaba en los Teatros del Canal, reconozco que me picó la curiosidad. No había leído esa novela (pertenece a la época en que ya había perdido el interés revertiano), pero se juntaba una vieja pasión (las novelas de Reverte) con una pasión labrada con los años, como es mi amor al teatro. La ecuación merecía al menos darle una oportunidad. Y lo intenté, pero en mis círculos no había mucho interés por ver esta adaptación, así que lo fui dejando, hasta llegar a Semana Santa en sus últimas funciones. Un miércoles santo es un día estupendo para ver teatro, ¿no creéis?

La cita era en la sala verde de Los Teatros del Canal. Sobre el escenario, un espacio que representaba una antigua torre medieval, último retiro de un reportero de guerra que había abandonado hacía décadas las contiendas con demasiadas heridas en el alma. Su nombre, Faulques, que ahora, reconvertido en pintor, recreaba escenas de batallas, ya que, por diferentes y lugares y épocas en las que estas se produzcan, siempre hay un patrón común que se repite. Allí, en su retiro eremita, nuestro pintor de batallas vive alejado del mundo, sin tener, ni querer tener, contacto con nadie, enfrascado en su pintura y sus recuerdos.


Pero un día recibirá una visita inesperada. Ivo Markovich, el protagonista de una de sus fotos más conocidas, que le granjearon reconocimiento internacional, llega a su mundo dispuesto a desgranarle, una a una, las razones por las que aquella foto convirtió su vida en un auténtico infierno. Tomada de regreso de la guerra, aquel hombre, simplemente por el azar de aquel clic que generó esa fotografía maldita, ha sufrido mucho, demasiado. Toda su vida cambió por aquella fatídica fotografía y ahora viene a matar a Faulques, culpándolo de todas sus desgracias.

Mientras Markovich busca respuestas, entre ambos se abrirá un debate que llevará a preguntas tan profundas como la maldad humana, la idiosincrasia del ser humano, las guerras y el azar. Un texto que sin duda te remueve por dentro, una obra que resulta muy dura y que te hace profundizar en temas que probablemente nunca te hayas planteado.

Sobre el escenario dos únicos actores. Por un lado, Jordi Rebellón (al que muchos recordamos por su papel de Vilches), a quien yo ya había visto sobre las tablas en otra ocasión, en un montaje que hubo hace unos años en el Teatro Bellas Artes. Debo reconocer que ese punto cínico que caracteriza a sus personajes, como de vuelta de todo, le va como anillo al dedo en esta ocasión, en su papel de Faulquer. Pues si el propio Reverte reconoció que Pintor de batallas era su obra más autobiográfica, está clara la inspiración que hay detrás del reportero de guerra retirado.

Su partenaire en esta ocasión era Alberto Jiménez, a quien me costó reconocer (pero que pronto recordé su papel en una conocida serie de televisión). Alberto lleva el peso del drama; su personaje, ya desde el acento croata tan creíble que consigue imprimirle, resulta grandioso. Creo además que hay buena química entre ambos actores y que el espectador disfruta de esos choques entre ellos. Desde posiciones enfrentadas, dos personas con nada que ver salvo un clic en una foto, hasta momentos en los que se reconocen en el otro o son capaces de entenderle.


En definitiva, fue una obra muy dura. Ese día no estaba yo preparada para esa ducha de horror filosófico, pero una vez más disfruté muchísimo desde mi butaca. Siento llegar tarde porque sus funciones terminaron el pasado domingo, pero me parece un buen montaje, que recomiendo, pero siendo consciente de la dureza de las ideas que encierra.

Comentarios

Margari ha dicho que…
Las primeras novelas de este autor me gustaron. Eran muy entretenidas, La tabla de Flandes, El club Dumas, El maestro de esgrima... Pero tropecé con La piel del tambor y a partir de ahí mi relación con el autor empezó a romperse. Y salvo su saga de Alatriste, poco más he leído. Tampoco ayuda mucho, como bien dices, el carácter del autor...
Tiene que estar bien esta obra. Si llegara por aquí, seguramente fuera a verla. Pero animarme a leer el libro, no sé, no sé...
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
El libro no lo he leído, Margari, y por lo que he brujuleado, la adaptación teatral "se come" algunas partes de la historia. Curiosamente, a mí "La piel del tambor" sí me gustó, ayuda que esté ambientada en mi amada Sevilla. Recorrer las callejuelas del barrio de Santa Cruz, aunque sea a través de las páginas de un libro, siempre es un placer para mí. La saga Alatriste sí la he continuado, aunque hay alguna cosilla que otra... (la tercera entrega, infumable). Te recomiendo "El tango de la guardia vieja", te reconcilia con las buenas novelas de Reverte de hace casi 25 años (madre mía cómo pasa el tiempo!)
Margari ha dicho que…
Pero pasar que pasa! Me animaré con el título que me recomiendas, a ver si logro reconciliarme con el autor. Porque me parece a mí que la época de Alatriste para Reverte ya ha pasado.
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
Sí, opino como tú. También nosotras hemos cambiado mucho. Yo ya no busco en mis lecturas lo que buscaba a mis 18 :D

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