PIRÁMIDE DE CONSUMO RESPONSABLE

Empiezo por agradecer a Escarabajos, bichos y mariposas, que además de tener un blog estupendísimo y con muy buenas ideas, es carbayona como yo. Me encanta su blog porque está lleno de naturalidad, pasión por vivir y muy buenas ideas. Admiro a María porque creo que es una de esas personas de verdad, que no viven de cara a la galería, que se nota que le ponen ilusión a la vida y viven de una manera tranquila e intensa a la vez.

Gracias a ella, conocí esta imagen, que ahora comparto con vosotros. Se trata de La pirámide de Sarah Lazarovic. Inspirada claramente en la pirámide de Maslow, esta pirámide se centra en lo que tenemos y necesitamos de verdad. No dudo de que es muy difícil ponerlo en práctica, pero también que deberíamos de pensar más a menudo en qué consumimos, cuánto, cómo… y hacer un poco de análisis de conciencia y quizá aprenderíamos ciertas cosas de nosotros mismos en las que no habíamos caído.

Es cierto que hemos crecido con el hábito de comprar, tener, acumular… y creer que necesitamos. Claro que sí, ¿cómo vas a vivir con dos abrigos pudiendo tener veinte? Y si de repente pasas delante de una tienda y ves otro que te gusta, pues te lo compras; o si tienes un evento en el que no tienes nada que ponerte, pues te compras otro más. Si encima ya no es que pases por un escaparate sino que en internet lo tienes todo al alcance de un clic, pues más fácil todavía. Sin embargo, si lo piensas fríamente es muy probable que no necesites ningún abrigo también y es igualmente probable que de los veinte que tienes, te sobren quince o dieciocho.
¿Qué propone la pirámide? Pues creo que lo primero es hacernos pensar.


Paso 1: Utiliza lo que tienes

Esto, la primera vez que lo lees, quizá te parezca una verdad de Perogrullo. Claro que utilizo lo que tengo, para eso lo tengo, para eso lo he comprado. ¿Estás seguro? Seguro que nunca te ha pasado de encontrarte una camiseta en un cajón ¡que ni recordabas que tenías! O tener un armario repleto de ropa que no usas porque no te gusta, ya no es tu estilo, no es tu talla pero la tienes para por si acaso o está esperando esa boda del año que nunca llega. Y sin embargo, sigues saliendo y comprando. ¿Has leído todos los libros que tienes?, ¿de verdad no tienes nada en la nevera?, ¿de verdad no tienes qué ponerte?

No tengo ni idea qué porcentaje de cosas tenemos y no utilizamos porque en realidad no necesitamos. Lo peor es que existen muchísimas cosas a nuestro alrededor que ni siquiera recordamos que tenemos, que las tenemos duplicadas (o siete iguales) y aún así seguimos comprando, nos siguen regalando, continuamos acumulando.


Paso 2: Toma prestado

El consumismo con el que hemos crecido además nos ha inculcado la idea de que necesitas que todo lo que usas sea tuyo. Es cierto que las cosas están cambiando, ahora por ejemplo cada vez se usan más los coches de alquiler o de carsharing por ejemplo, y quien más y quien menos (al menos en el universo femenino) ha pedido prestado un bolso para una boda o alguna cosilla así. Pero lo cierto es que ni lo hacemos habitualmente ni tampoco se ve del todo bien como sociedad. Insisto en que las cosas están cambiando, la eclosión de la economía colaborativa hace que pidamos más prestado o paguemos por usar (alquilar) un bien determinado. Pero deberíamos hacerlo muchísimo más.

Por ejemplo, ¿estás pensando en comprarte un robot de cocina pero no sabes si vas a usarlo? Quizá puedas pedirlo un mes a tu amiga, que lo tiene muerto del asco en la encimera de su cocina. ¿Quieres probar suerte y vas a ir por primera vez a esquiar?, ¿realmente necesitas comprarte todo el equipo? Vale, igual exagero, nadie en su sano juicio hace algo así, pero ¿y si te compras una tienda de campaña de tres al cuarto para ir de camping y lo odias? O si te encanta estás en el mismo punto, porque te has gastado un dinero en la tienda de camping patatera y querrás una mejor. Fiesta de disfraces, pídele a alguien ese disfraz que no usa. Hay miles de ejemplos.


Paso 3: Intercambia

Creo que aquí el mundo también está cambiando, ya hay quien intercambia hasta su casa. De hecho, la propia María, de Escarabajos, bichos y mariposas, es fan de este movimiento y lo practica. Pero tampoco es fácil, la sociedad sigue mirando mal este tipo de cosas, o al menos no lo impulsa. Es cierto que hay algunos eventos (por ejemplo The Ropantic Show) pero aún estamos lejos.

María habla de cosas como recoger a varios niños en el colegio. Lo cierto es que yo lo pienso habitualmente, cada padre o madre recoge a su hijo, cuando si nos molestásemos en organizarnos, nos vendría muy bien el tiempo extra y no ir todos a la vez. Se me ocurre también intercambio de libros, de ropa, de clases… Podríamos hacer miles de cosas que no hacemos.

Paso 4: Vende a tráves de segunda mano

Sí, con el auge de Wallapop y otras plataformas está muy claro que se ha puesto de moda y que quizá ya no se mira tan mal, pero aún queda mucho por hacer. Estamos lejos de salir a la puerta de nuestra casa y montar un mercadillo o de ofrecer en nuestra oficina las cosas que hemos descubierto en nuestro armario y que ya ni nos valen ni queremos.

Yo llevo años utilizando el segunda mano, aunque reconozco que en Madrid está más extendido y es más fácil. Por ejemplo, cuando nació mi hija, hace ahora cinco años, me compré algunas cosas a través de segunda mano como una cuna de viaje o una mochila. También es verdad que la mayoría de las cosas las compré o me las regalaron y que al final nos gastamos un pastizal en cosas que mejor si hubiésemos comprado a través de segunda mano. Pero ahora compro y vendo de todo, y no me avergüenza. Por ejemplo: el bolso que llevo ahora mismo, la vajilla Disney con la que comemos todos los días o la serie de Los Tudor que estoy viendo últimamente. Los Reyes me trajeron unas gafas Rayban wallapoperas nuevecitas, a mi marido por su cumple le compramos una Fitbit también sin estrenar a través de esta aplicación, o mi hija tiene un disfraz de Rapunzel ideal que también lo compramos de segunda mano. Por decir unos ejemplos, de éstos tengo decenas.


Paso 5: Hazlo tú mismo

Hacerlo tú mismo a veces no resulta más barato, pero sí suele resultar más divertido y te da ese punto interno de subidón de pensar lo he hecho yo con estas manitas. Es cierto que en otras cosas sí se ahorra, pero creo que el ahorro real de dinero no es la mayor motivación de este paso. Aprende a cocinar: ahorrarás, comerás mejor y te divertirás mientras aprendes algo nuevo. Si customizas los pantalones de los peques (que todos se terminan rompiendo por las rodillas) te lo pasarás bien y tu hijo irá con algo diferente y único (os lo contaba aquí). Y como esas ideas, mil más. No lo cuento todo ni mucho menos en este blog, pero lo cierto es que últimamente sí hacemos cosillas en mi casa del modo handmade, resulta divertido, a veces ahorramos y otras muchos reutilizamos cosas, le damos más valor y sobre todo no generamos más consumismo y más basura.


Último paso: si ninguno de los anteriores te ha funcionado: compra

La cúspide de la pirámide y la parte más pequeñita de todas. Si seguimos las recomendaciones de esta pirámide, debería de ser la última opción. Es muy posible que tengas algo que te pueda servir, o si no que alguien te lo preste, que puedas intercambiar con terceros, adquirirlo a través de la segunda mano o quizá hacerlo tú mismo (o customizar algo que ya tienes). Pero si nada de lo anterior encaja y necesitas ese objeto nuevo sí o sí… ¡pues compra!

Hay quien iría algún paso más allá y se preguntaría si verdaderamente lo necesitas ya o si puedes esperar, si es algo que puedes comprar sin más o que precisa un ahorro previo (en cuyo caso quizá debas ponerte a ahorrar para ello) y un largo etcétera. Me considero una persona bastante ahorradora pero quizá no haya que llevar las cosas tan hasta el extremo. Pero lo que sí es cierto es que si te planteas un consumo más responsable y consigues no comprar por impulso, te darás cuenta de todo lo que tienes, lo que no utilizas (y que quizá puedas vender, regalar, intercambiar, prestar…) y todas las posibilidades de ahorro que desconoces. Es cierto que no es fácil, tener tanta oferta de cosas que nos entran por los ojos a nuestro alrededor, a veces tan sólo a distancia de clic, lo hace todo aún más complicado.

De hecho, María, de Escarabajos, bichos y mariposas se ha embarcado en una grandísima aventura: un año sin compras. Para mí me parece una utopía, pero quizá me anime a hacer un mes sin compras, que por algo hay que empezar.

¿Qué os parece esta Pirámide de Sarah Lazarovic?


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Comentarios

Esther ha dicho que…
En mi caso es fácil, me gusta lo de hacer las cosas yo misma (cuando puedo y tengo tiempo), no tengo pudor ni en prestar ni en que me presten, dejo mi casa y voy a las de otros (en general amigos y conocidos, aunque una vez pasamos un finde rural en una casa preciosa diseñada por nuestro amigo Pablo, porque la propietaria, un encanto, quería que cuidásemos de su perrete) , he viajado en Blablacar, usado turnos de coche para ir al curro, quizás sean las ventajas de haber estado tiesa, je je. No me considero una persona muy consumista, y lo que no uso lo vendo o regalo, el otro día mismo le regalé a mi vecina dos bolsos muy monos, ya que ahora uso mochila, principalmente. Pero está bien que estas costumbres se vayan extendiendo. Probé lo de un mes sin compras, y te animo a ello, desde entonces mis compras son más meditadas (sin exagerar) y tomé de Vale de Oro lo de la lista de los 30 días, y funciona. Ahora, lo de un año sin compras, en mi caso, no lo veo. Pasaré por ese blog, que sí tú lo recomiendas es que debe estar bien. Un abrazo.
ITACA ha dicho que…
Sí, lo de un mes sin compras he empezado a hacerlo: del 15 de abril al 15 de mayo, a ver qué tal se nos da. Pero un año, para mí, es un imposible. También conozco la lista de los 30 días de Vale de Oro. Y ahora estoy volviendo a customizar libretas, ya te iré contando :)

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