SER MINIMALISTA POR ENTREGAS PARTE 6: NO TENGO NADA QUE PONERME

Hace unas semanas leí un artículo que contrastaba las casas de otros países con las casas españolas. Lo siento, porque no guardé la URL y ahora no la encuentro para enlazarla, y como ni siquiera recuerdo si lo leí en español o en inglés, no hay quien lo encuentre. El caso es que me pareció una buena reflexión, ya que venía a decir que el problema de los españoles, frente a los suecos como prototipo pero también frente a muchas otras nacionalidades, es que no tiramos nada. Para nosotros, cualquier cosa tiene un valor emocional, un recuerdo asociado. Y decía que lo poco que tiramos es ropa, y ni por ésas.

Es cierto, frecuentemente estamos vinculados emocionalmente a lo compré en un viaje, tengo muy buenos recuerdos de aquel verano, me lo regaló Fulanito, era de mi abuela… Y así tenemos las casas, con un claro síndrome de Diógenes para cualquiera oriundo de fuera de nuestras fronteras. Y tienen razón, porque la mayoría de las cosas que tenemos no las necesitamos, o lo que es peor aún, ni siquiera recordamos que las tenemos.  Lo único que hacemos es llenar todo el espacio de almacenaje que nos pongan por delante y mucho más aún. Así tenemos las estanterías y los armarios a reventar y es muy probable que nuestra casa (salvo excepciones) no esté del todo ordenada, porque vamos dejando los trastos por doquier.

Sin embargo, ese artículo parece que nos exoneraba un poco en el caso de la ropa. En mi opinión, creo que es una exoneración parcial, porque el retrato habitual de nuestro vestuario se puede resumir en lo siguiente:

Tenemos los armarios (cajones, estanterías, altillos…) repletos de ropa.
Mucha de ella ni recordamos que la tenemos, otra ni nos vale.
Y de repente, a pesar de todo ello, nos surge con fuerza el síndrome: No tengo nada que ponerme.


A ver, tienes muchísima ropa en el armario, mucha de ella ni sabes que la tienes, otra hace años que no te la pones, diez personas podrían fácilmente vestir durante un año con el contenido de tu armario y… ¿¿¿no tienes nada que ponerte???, ¿estás verdaderamente segur@?

La realidad es que en un 90% de las ocasiones (por decir un porcentaje y ser conservadora), sí tienes que ponerte. Más aún, probablemente no tengas sólo una cosa que ponerte, sino que tienes varias. El problema es que ni sabes lo que tienes ni sabes dónde encontrarlo. Que levante la mano quien nadie en su vida haya encontrado ropa en un cajón que ni recordaba que tenía… con la etiqueta puesta sin usar, que hace cuatro años que no te la pones y un largo etcétera (no veo muchas manos levantadas en la sala ;).


La realidad suele ser la siguiente:

Tienes tanta ropa acumulada que ni siquiera ves lo que tienes. Los cajones están hasta arriba, con infinidad de prendas embutidas, tapando unas a las otras. De las perchas de los armarios ya ni hablamos, puede ser que de la que abres la puerta termines sepultada. Sólo abrir la puerta ya produce agobio y ponerte a buscar ni te cuento. Conclusión: no encuentras nada y crees que no tienes nada que ponerte.

Compras demasiada ropa y luego no te la pones. Hay quien compra ropa pensando en el trabajo y luego no quiere ni verla los fines de semana; o al revés, quien compra ropa muy informal y luego no encuentra ropa para ir a trabajar; o quien compra ropa de fiesta que luego en el día a día jamás vuelve a ponerse.

La ropa ya no te vale, ya no te gusta. Por el motivo que sea, esa ropa ya no es para ti. Has cambiado de talla o has cambiado tu gusto y sigues teniendo los armarios repletos de por si acaso… pero en realidad nada de eso te sirve o va con tu estilo y tus circunstancias actuales.



Pon en práctica algunas buenas lecciones de minimalismo:

1. Revisa lo que tienes y desecha lo que no te vale. Sí, el mundo no se acaba porque tires medio armario. Si empiezas a sacar ropa, estoy segura de que un porcentaje alto de todas las prendas que contiene tu armario se englobarán en alguna de las siguientes circunstancias.

- Ya no te vale. No es tu talla, lo fue en su día pero lo cierto es que ya no te vale o no te queda bien. Algunas de esas prendas quizá puedan tener una segunda oportunidad porque te siguen gustando y puede ser que las arregles y queden bien. En ese caso, no las tires, pero llévalas a arreglar ya. Y si no lo haces, deshazte de ellas.

- Ya no te gusta. Lo mismo si has cambiado de estilo, puede ser que sean tu talla pero lo cierto es que no te ves con ellas. Deshazte de esas prendas: dónalas, recíclalas, véndelas, tíralas… Un día te encantaron pero hoy ni te ves con ellas ni van con tu estilo, las personas cambiamos con el tiempo y nuestra ropa también.

Lo mejor es que seas generos@ en dejar ir las cosas. No cometas el error de siempre, de quedarte de nuevo con por si acasos. Si no te vale, o lo arreglas o lo tiras, no lo dejes para futuribles del tipo por si adelgazo, por si engordo, por si se vuelve a llevar, por si tengo tres bodas el próximo verano… Deshazte de muchas cosas, te permitirán ver mucho mejor lo que tienes y aprovecharlo.


2. Ordena bien lo que te queda. Nada de poner cosas sin más, unas sobre otras, sin ningún orden ni concierto. Intenta ordenar por tipo de ropa, por colores, por look completos… Y dale una pensada a qué combina con qué, construye al menos en tu mente ciertos looks, pruébalos conjuntamente y toma decisiones. Esto te permitirá encontrar lo que buscas, ir a tiro hecho y estar mucho más tranquil@ en decisiones de ropa. Así no te pasará eso de no saber ni lo que tienes.


3. Construye un buen fondo de armario. Los básicos, clásicos y prendas que vayan con tu estilo son los que deben quedarse. Lo mejor es tener un fondo de armario robusto, que no se deje llevar por las últimas tendencias y se quede desfasado a la primera de cambio. Invierte en piezas fundamentales y piensa en tu estilo y tus necesidades reales. No acumularás sin más, sino que te asegurarás de que todas esas prendas van con tu estilo de vida y que les podrás sacar un buen provecho. El objetivo es que las cosas que no uses no ocupen espacio en tu vida.


4. Cuando vayas a comprar, practica el minimalismo y sé consciente de tus decisiones. A este respecto, me permito recordaros la Pirámide de Consumo Responsable. Deberías haberla puesto en práctica a la hora de arreglar y reutilizar en el punto 1 de esta lista, pero también puedes ponerlo en práctica en la compra. Cuando vayas a comprar una prenda nueva, a mí personalmente me ayuda mucho plantearme las siguientes preguntas:

¿La necesito?

¿Tengo otra prenda que me sirve igual? En este caso, si te planteas comprar una nueva, deberás pensar en sacar otra de tu armario cuando llegues a casa.

¿De verdad me gusta tanto? Aquí englobo a las cosas que en realidad parece que te gustan porque son baratas, o tienen un descuento interesante. No piques y plantéatelo en serio.

¿De verdad merece la pena? Aquí incluyo muchas cosas, si me merece la pena a mí para mi armario y lo que suelo ponerme, o es algo que me pondré un día y punto; si de verdad merece la pena por lo que cuesta; si de verdad merece la pena por la calidad que tiene (porque comprar cosas que tienen bolas a las dos semanas, lo hacemos todos pero no es una buena estrategia precisamente) y un largo etcétera de planteamientos.


5. Entra uno sale uno o el volumen máximo de las cosas. Lo has comprado, ha pasado todos los filtros anteriores y llegas a casa y lo metes en el armario o en el cajón. Otra cosa más, no pasa nada. Pero si sigues haciendo eso una y otra vez, ¿cuánto tiempo crees que va a tardar tu armario en volver a estar a reventar? Lo mejor es el entra uno, sale uno. Si has podido vivir perfectamente con siete camisetas, la octava no hace daño, pero no es necesaria en realidad, así que saca una de las siete. O si no, plantéate un volumen o un número máximo. Las camisetas que quepan en ese cajón, y sin hacerte trampa a ti mism@ y teniéndolo nuevamente hasta arriba.


6. ¿Y si pides prestado? Este punto vuelve a incidir sobre el consumo responsable y la pirámide, pongamos que tienes una boda y que verdaderamente no tienes qué ponerte porque irán invitados de otras bodas o ya te has desecho de los vestidos de fiesta que no te ponías, o hace calor, frío lo que sea y de verdad no tienes nada que ponerte. Seguro que tienes una amiga que puede dejarte un vestido, un bolso, un complemento… y además no le importará lo más mínimo, incluso le gustará que le saques partido y lo uses.


Mi experiencia real

Os diré que mi vestuario de verano está bastante optimizado. En un baremo de 1 a 10 puedo darle un notable (7,5 o incluso 8) y sentirme más o menos satisfecha. Es cierto que llevo varios verano comprando muy poco y que no tengo mucha ropa de verano, lo que se traduce en que sé lo que tengo, lo pongo a menudo y aunque seguro que es mejorable, me gusta el volumen actual de cosas que tengo y cómo las uso. Aún así, este verano voy a poner en práctica todo lo que cuento en este post, palabrita de Itaca aprendiz de minimalista.

Pero si hablamos de mi vestuario de otoño-invierno casi me dan ganas de llorar, porque consejos vendo pero para mí no tengo. Es cierto que también llevo un par de años comprando mucho menos e intentando sacar partido a lo que tengo, que he recuperado ciertas cosas, que me he desecho de muchas otras… perooooo, aún tengo demasiadas prendas que no debería tener. Me temo que ejerzo de española y me da pena deshacerme de ellas porque me gustan, me traen recuerdos, quizá se vuelvan a llevar más adelante o les tengo un cariño especial porque están asociadas a un recuerdo. Me pasa con muchas cosas, pero especialmente con los abrigos. Incluso tengo un abrigo de pata de gallo que no me gusta, no es mi estilo pero que cuando lo veo recuerdo a mi abuela y a mi madre diciendo que esa prenda es un básico que siempre vuelve y que dentro de unos años volverá a estar de moda y tendré que comprar otro. Me veo inmersa de nuevo en el dilema español de acumulación.


¿Y a vosotros, qué os pasa?


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Comentarios

Leira ha dicho que…
Dicen que cuando llevas 2 temporadas sin poner una prenda, que la tires. Yo de verano tengo infinidad de prendas que sé que no las voy a poner nunca, pero me daría pena tirarlas. Y sí, tengo cosas por casa guardadas que ni sé qué las tengo pero que ahí están, ocupando un espacio inútil y cogiendo polvo. Muy buena entrada.
Esther ha dicho que…
Ains, yo siempre pienso que he hecho una buena limpieza de armario, pero llega el cambio de temporada y descubro que no es así, tengo la casa con ropa por todas partes. Qué pereza.
ITACA ha dicho que…
Pues sí, Leira, es inevitable guardar cosas, pero yo cada vez tiro más. Entiendo que tengas muchas cosas de verano porque en Asturias el verano es corto y son cosas que duran, pero quizá es el momento de darle un buen repaso a tu armario y deshacerte de cosas.
ITACA ha dicho que…
Bueno, Esther, yo no hago cambio de temporada y creo que es peor, porque hay cosas que nunca salen a la LUZ! 😁
Bego ha dicho que…
entra uno, sale uno. siempre.
Margari ha dicho que…
Buena entrada y buenos consejos. Y es que acumulamos tantas cosas, por las razones que sean... Soy de las que tengo que aprender a deshacerme de cosas...
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
@Bego, yo tengo una amiga en Oviedo que siempre llevó a cabo esa máxima. Llegaba a casa con tres cosas nuevas y sacaba otras tres, o te las encasquetaba a ti, pero en su casa había las mismas cosas al final del día.
ITACA ha dicho que…
Gracias Margari, llevo mucho tiempo leyendo sobre esto, interiorizadolo e intentando ponerlo en práctica, que al final es lo más difícil
Yolita ^-^ ha dicho que…
Conoces el metodo Marie Kondo? Porque te lo recomiendo sobre todo para ordenar cosas, #lapartecontratante se ha hecho especilaista jajajja

Yo levanto la mano de culpabilidad por tener cosas que "me da pena dar" " esto seguro me lo pongo este verano" etc etc
ITACA ha dicho que…
Claro que conozco a la Kondo! 😂, de hecho escribí sobre el libro hace más de un año @yolita, pero más que ordenar, que es muy necesario, también se necesita soltar lastre y deshacernos de muchas cosas, así como no comprar de más.

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